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ALIMENTO DIARIO
Mientras comían, Jesús tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, y les dijo: «Tomen, coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó la copa, y luego de dar gracias, la entregó a sus discípulos y les dijo: «Beban de ella todos, porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos, para perdón de los pecados» (Mateo 26:26-28).
Se acercaba la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. Los principales sacerdotes y los escribas buscaban la manera de matar a Jesús, pero le tenían miedo al pueblo (Lucas 22:1-2).
Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue a hablar con los principales sacerdotes para entregarles a Jesús. Cuando ellos lo oyeron, se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas comenzó a buscar el mejor momento de entregarlo (Marcos 14:10-11).
Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio de Caifás, el sumo sacerdote, y se confabularon para aprehender con engaños a Jesús, y matarlo (Mateo 26:3-4).
Al día siguiente, al oír que Jesús venía a Jerusalén, grandes multitudes que habían venido a la fiesta tomaron ramas de palmera y salieron a recibirlo. Y clamaban: «¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!»
No permitan, pues, que nadie los juzgue por lo que comen o beben, o en relación con los días de fiesta, la luna nueva o los días de reposo. Todo esto no es más que una sombra de lo que está por venir; pero lo real y verdadero es Cristo (Colosenses 2:16-17).
De cierto, de cierto les digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).
Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Límpiense los manos pecadores! Y ustedes, los pusilánimes, ¡purifiquen su corazón! (Santiago 4:8).
Y el Señor me preguntó: «Hijo de hombre, ¿cobrarán vida estos huesos?» Yo le contesté: «Señor y Dios, tú lo sabes.» (Ezequiel 37:3).
Dios mío, ¡ten misericordia de nosotros, y bendícenos! ¡Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros! ¡Que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación! (Salmo 67:1-2).