Call Us : +1 800 972-5442 (en español)
+1 800 876-9880 (en inglés)
ALIMENTO DIARIO
Pero les digo la verdad: les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, yo se lo enviaré (Juan 16:7).
¿Te ha pasado que algo que parecía una pérdida terminó siendo un regalo que no esperabas? Como cuando se cierra una puerta en el trabajo y, aunque al inicio duele, luego aparece una oportunidad mejor; o cuando una mudanza forzada termina trayendo relaciones nuevas; o cuando un cambio que no querías acaba ordenando tu vida de una manera distinta. A veces cuesta creer que una ausencia pueda traer algo bueno.
Eso mismo estaban viviendo los discípulos cuando Jesús dijo estas palabras. Es la noche antes de la Cruz. Jesús les acaba de decir que se va, y Juan mismo nos dice que “la tristeza llenó su corazón” (Juan 16:6). Ellos no querían perder a Jesús. Su presencia les daba seguridad, dirección y sentido.
Y justo ahí, Jesús dice algo que suena casi imposible de aceptar: “les conviene que yo me vaya”. Y es que Jesús no se va porque quiere dejarnos, sino para cumplir Su obra en la Cruz, resucitar, ascender y enviar el Espíritu Santo. El Espíritu no reemplaza a Jesús; entrega lo que Jesús ganó.
Descansamos en esta promesa: Jesús resucitado sabe lo que hace. Él te da al Espíritu para sostenerte, enseñarte y guardarte en la fe verdadera, incluso cuando tú no ves todavía el regalo.
Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo?
Por el mismo Espíritu, aun cuando algo en mi vida se pierda o cambie, puedo vivir sabiendo que Jesús resucitado nunca cambia. Es lo más constante en mi vida. Siempre está presente al darme Su Espíritu, quien me guarda en la fe, me enseña y me mantiene en unidad con Cristo.
Padre nuestro, gracias porque Jesús resucitado nos dio al Consolador. Gracias porque el Espíritu Santo nos enseña, nos consuela y nos guarda en la fe verdadera. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar:
* ¿Qué ausencia o cambio te cuesta entender hoy, y cómo te consuela la promesa del Espíritu?
* ¿A quién quisieras encomendar hoy al cuidado del Consolador que Cristo prometió?
Diaconisa Noemí Guerra
© Copyright 2026 Cristo Para Todas Las Naciones