PARA EL CAMINO

  • …Y para ti también

  • mayo 31, 2026
  • Rev. Germán Novelli Oliveros
  • Notas del sermón
  • © 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
  • TEXTO: Mateo 28:16-20
    Mateo 28, Sermones: 9

  • Y Jesús les dijo a Sus apóstoles: “Vayan y hagan discípulos en todas las naciones”.

    Esto quiere decir: Vayan a todas partes, y a todas las personas (sin importar raza, clase social, nacionalidad, ideas políticas, sean flacos o gorditos, altos o chiquitos… ¡a todos!), y compartan con todos estas buenas noticias, este mensaje, este amor por todos y para todos que tiene Dios, y esto por supuesto te incluye a ti y me incluye a mí.

    Una de las cosas que más me encanta de esta oportunidad de servirles a ustedes en este espacio de PARA EL CAMINO, es la importante comisión que tenemos y el saber que estamos llegando a muchas personas, de muchos lugares diferentes, con todo tipo de realidades y a través de diferentes plataformas. Nos escuchan —y nos leen— en todo el mundo de habla hispana, en especial en Estados Unidos y América Latina, y con todos ustedes estamos muy agradecidos por estar aquí.

    Siguiendo el empeño de un predicador norteamericano llamado Walter Meier, quien predicaba la Hora Luterana en inglés, The Lutheran Hour, este programa nació en los años 40. En un principio se llamaba precisamente Cristo Para Todas Las Naciones donde el pastor puertorriqueño de nombre Andrés Melendez, llevó el Evangelio de Jesucristo al mundo hispano a través de la radio. Hoy somos más de 600 millones de hispanohablantes en todo el planeta, y nuestra misión es la misma a la de hace ocho décadas: llevar a Cristo a las naciones, y las naciones a la Iglesia.

    Admiro el trabajo de los misioneros que andan como peregrinos por toda la tierra. Esos hombres y mujeres que han tenido que aprender un idioma, dejar amigos y familiares, salir de sus zonas de confort, y dedicarse a la misión en diferentes roles: pastores, diaconisas, maestros, músicos, médicos, administradores, trabajadores de la construcción, y muchos más.

    Tengo un buen amigo que es pastor misionero en Italia, y me asombra todo el esfuerzo que hace para tomar trenes toda la semana de una ciudad a otra, y compartir el mensaje con personas de distintos lugares en ese país tan complejo y lleno de retos. A mí mismo me tocó pasar por algo similar y, antes de venir a trabajar para ustedes en este programa, estuve por varios años como pastor en los Estados Unidos, dejando atrás mi país, mi familia, y sirviendo a miles de kilómetros de mi casa.

    Ni hablar de aquellos que se han ido, con esta misma tarea, a lugares en conflicto, donde hay persecución, enfermedades, y tantas necesidades.

    Los apóstoles de Jesús, tras recibir esta gran comisión de ir a todas las naciones, también partieron rumbo a muchos sitios, enfrentando rechazo, violencia, cárcel e incluso la muerte, a fin de compartir el amor y la Palabra de Dios con todos, bautizando y haciendo discípulos.

    ¿Y qué me dices de ti? ¿Hasta dónde llegarías para obedecer a Dios y sus mandatos? ¿Qué tanto estarías dispuesto a sacrificar o hacer ante el llamado de Jesús?

    Aunque esta gran comisión que leemos en el texto de esta semana es la misión de la Iglesia en la tierra, todos los creyentes también estamos llamados a cumplir con roles en los que la Palabra de Dios es compartida, en palabra y en acciones. No es solo que puedas hablarle a alguien sobre Jesús o invitar a un conocido a una iglesia, es también vivir en obediencia, predicando con el buen ejemplo, siendo mejores personas, mejores padres y esposos, y mejores ciudadanos.

    Todos estamos llamados a compartir a Jesus con todos… y esta comisión también es para ti. Hacer esto no hará que te ganes el cielo, ni que te pongan una estatua allá arriba, pero es la respuesta que obra Dios a través de nosotros, una vez que nos ha tocado el corazón con el poderoso mensaje de Jesús y Su Evangelio.

    Hay tres elementos esenciales en este llamado que hace Cristo de ir a todas las naciones y que encontramos en el evangelio de Mateo, capítulo 28… no es solamente ir o desplazarse de un sitio a otro: se trata también de cumplir una tarea. Quiero que en esta ocasión nos detengamos a analizar cada uno de estos tres elementos que nos ayudarán a entender el corazón de Jesús, y nos invitarán a ser un poquito más como Él. ¿Estamos listos?

    #1 La compasión de Jesús

    Dice el texto que:

    …los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado, y cuando lo vieron, lo adoraron. Pero algunos dudaban (v.16-17).

    Estamos ante el Jesús que ha resucitado y que pronto ascendería al cielo, listo para recibir la gloria por ser el Hijo de Dios. Ya completó Su misión en la tierra, ya padeció en la Cruz y cumplió con el sacrificio de dar Su vida para salvar a los pecadores, y luego de varios encuentros con Sus discípulos finalmente llega el momento de la despedida.

    Dice la Biblia que ellos lo adoraron, y algunos tenían dudas. Estaban asustados, ansiosos, confundidos, pero Jesús no los deja, no los aparta, no los desecha, sino que los llama, los reúne, los equipa y los envía.

    Jesús restauró al Pedro que lo había negado tres veces, y también trajo de vuelta al Tomás que había puesto en duda Su resurrección… y no solo los perdona: los ama, los fortalece, y les da una gran misión.

    Es lo mismo que hace con nuestro pecado cuando el Espíritu Santo obra en nosotros arrepentimiento verdadero: Él nos trae de vuelta, nos perdona, nos renueva, y nos envía.

    Todos Sus apóstoles estaban allí, excepto uno: el que lo entregó y luego se quitó la vida. Pero a todos los demás logró traerlos de regreso, como me ha traído de vuelta a mí todas las veces que me he apartado, y como estoy seguro también quiere traerte a ti y a todos.

    Él es un Dios compasivo que restaura, equipa y envía a Sus pastores, y que —después de redimirte— te envía al mundo a que muestres la misma compasión por los demás. Fue tal Su compasión por todos que en Su amor vino a esta tierra a dar Su vida por nosotros, y viene a ti en esta Palabra para seguir recordándote que para Él vales mucho.

    #2 La comisión de Jesús.

    No se trata solo de ir a las naciones, esto va más allá de empacar una maleta o montarse en un avión. Él dice claramente de qué se trata esta gran comisión. Dijo Jesús:

    Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Enséñenles a cumplir todas las cosas que les he mandado (v.19-20a).

    El reto es claro: Hagan discípulos y bautícenlos.

    Esto es ir a todos, en aquellos días se trataba de judíos y gentiles, hoy pudiéramos resumirlo en locales y extranjeros, pero al final la audiencia es clara: a todos.

    Hacer discípulos es enseñar la Palabra de Dios. No es construir grandes templos o fundar nuevas religiones, ni tampoco es cuestión de llenar las iglesias de espectáculos musicales o predicadores famosos. Se trata de formar personas con el Evangelio para que Dios transforme sus corazones, se arrepientan, y crean en Jesús.

    La comisión también implica bautizar a todos en el nombre del Dios Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Martín Lutero recalcaba que el Bautismo no es un invento humano sino un acto divino, instituido por Dios, para que los bautizados reciban toda la bendición que es para mí, y para ti, y para todos los que pasan por la fuente bautismal, y en ella son hechos hijos e hijas del Dios todopoderoso.

    Él es un Dios que te comisiona, es decir, que te pone la tarea de formarte en la Palabra, y de compartir esa Palabra, y que llama a que seas bautizado tú y tu casa, porque como dice San Pedro: La promesa es para ti, para tus hijos, y para todos (Hechos 2:39).

    Y finalmente, hay un elemento más en estas palabras de Jesús ante Sus más cercanos seguidores, y que quiero compartir contigo.

    #3 La promesa de Jesús

    Él tuvo compasión con Sus fieles apóstoles, los comisionó a hacer discípulos en todas las naciones y a que todos sean bautizados, y ahora les promete algo que jamás ha dejado de cumplir. Él dijo:

    “Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (v.20b).

    El Señor efectivamente es un Dios de pactos, que cumple lo que promete, y que no nos deja solos, sea cual sea la circunstancia.

    Él no dice que todo estará bien en la misión, y no promete que ya no habrá días difíciles, pero sí establece y deja claro que siempre estará presente.

    A veces nos confunden y nos ponen a dudar las pruebas o las situaciones que no son fáciles de comprender. Cuando nos rechazan, cuando aparece una enfermedad imprevista, en medio de las tentaciones o esos pecados que parecieran inevitables, o cuando una amarga tragedia toca nuestra puerta, qué difícil es acordarse que Jesús está allí. Pero Él está.

    Vivimos en un mundo en que la palabra vale cada vez menos, y donde nosotros rompemos hasta las promesas que hacemos con nosotros mismos, que son las que más valor deberían tener. Si no nos cumplimos a nosotros mismos, qué podrán esperar los demás.

    Pero Dios no es como nosotros.

    Él prometió a un Salvador, y nos envió a Jesús. Él te ha dicho si confiesas tus pecados, Él mismo los perdonará, y si le crees, Él te salvará. Él promete venir a ti, y cada vez que la Palabra es predicada, alguien es bautizado, o cuando se celebra la Santa Cena: Él está allí presente. No solo en el momento, sino que se queda con nosotros y en nosotros.

    Él te ha prometido estar contigo, y no romperá Su promesa. Aún en medio de la prueba más difícil, en los días más oscuros, o en las tormentas más fuertes, créeme que Él está con nosotros y esta promesa fue para Sus apóstoles, para todos los misioneros y predicadores del Evangelio en todos los tiempos, fue para mí desde el día que me bautizaron, y también es para ti que hoy me lees o me escuchas.

    Tenemos un Dios que ha muerto y resucitado, que ha subido al cielo y tiene control de todas las cosas, y que ha tenido compasión de ti, te ha comisionado compartir Su amor en todas las naciones, y además te ha prometido Su presencia en tu vida.

    ¿Qué esperas para asumir en tu camino —en lo que haces todos los días, en lo que quieres ser o en lo que Él quiere hacer con todos nosotros— el bonito rol de servirle, amarle, seguirle, y creerle? Su misión de salvación es para todos… ¡y también para ti! Amén.

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