PARA EL CAMINO

  • La siembra de Dios en ti

  • julio 12, 2026
  • Rev. Germán Novelli Oliveros
  • Notas del sermón
  • © 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
  • TEXTO: Mateo 13:1-9, 18-23
    Mateo 13, Sermones: 5

  • Entonces Jesús les contó esta enseñanza:

    Un sembrador salió a sembrar. Mientras lo hacía, una parte de las semillas cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra, y pronto brotó, porque la tierra no era profunda; pero en cuanto salió el sol, se quemó y se secó, porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos, pero los espinos crecieron y la ahogaron. Pero una parte de las semillas cayó en buena tierra, y rindió una gran cosecha.

    Mi abuelo Antonio se dedicó por muchos años a la agricultura. Le encantaba su pequeña finca, donde tenía algunos animales, y también sembraba una que otra cosa. Recuerdo que de niño nos íbamos en familia a aquel lugar, y veía cómo producían la leche de las vaquitas, los huevos de las gallinas, y me acuerdo además de que comíamos el queso fresco que mi abuelo hacía con sus manos. Había también sembradíos de frutas, hortalizas, y muchas cosas más.

    Al crecer en una familia de gente del campo, por supuesto que desde niño aprendí muchos dichos populares que estaban en el lenguaje de todos y que tenían que ver con la agricultura. Me gustaba aquél que decía: “El que siembra en tierra ajena, hasta las semillas pierde”, y que tiene que ver con malgastar nuestro tiempo o nuestros recursos en asuntos que no son lo nuestro o que no nos pertenecen. Había uno muy popular, probablemente inspirado en las Escrituras, que decía: “Cada quien cosechará lo que siembra”, especialmente dedicado a aquellos que esparcen maldad, odio, o la cizaña, y que atraerán todo eso a sus vidas cuando llegue la hora de la cosecha.

    Lo cierto es que el campo, al ser tan conocido por nosotros, se convertía en fuente para las enseñanzas que aprendimos desde que estábamos pequeños. ¡Esto fue exactamente lo que hizo Jesús al contar la parábola del sembrador!

    Una parábola es una enseñanza espiritual que llega a través de una historia de nuestra vida cotidiana o de algo común en nuestro día a día. Probablemente muchos de los seguidores de Jesús conocían del campo y la siembra, y es por eso que Jesús usa la agricultura para enseñar algo referente a Su reino.

    El Señor habla entonces de un sembrador que sale a esparcir las semillas en el campo, las cuales caen en diferentes tipos de terreno. La meta de Jesús era describir Su obra de regar el mensaje por todas partes, así como hacía un sembrador; y luego comparar los tipos de terreno con los tipos de personas que recibirían esta Palabra, o este mensaje.

    ¿Qué tipo de terreno crees que tiene tu corazón? ¿Te lo has preguntado alguna vez?

    Permite que vaya un poco más allá con mi próxima pregunta: ¿Cómo recibes en tu corazón y en tu vida las palabras que Jesús quiere sembrar en ti?

    Según Jesús, hay cuatro tipos de personas, o de terrenos… o cuatro tipos de maneras en las que escuchamos a Dios.

    ¿Exploramos esto juntos?

    El primer ejemplo que da el Señor en la parábola es el de las semillas que caen en el camino, y que luego vienen las aves y se las llevan.

    Para Jesús, este ejemplo representa a aquellos que oyen, pero no escuchan. Son estas personas que podemos ver en la iglesia todos los domingos, pero que se olvidan de las Escrituras los otros seis días de la semana. No leen la Biblia en casa, no se ocupan de tener un estudio bíblico de vez en cuando, o —como decían en mi pueblo— a veces les entra el mensaje por un oído y les sale por el otro.

    Cuando somos así, somos presa fácil del diablo. Sabemos de Dios y de Su Palabra, pero como no lo conocemos a Él, ni estudiamos Su Palabra, entonces es fácil que creamos las mentiras del mundo, que nos engañen fácilmente, o que venga Satanás y nos aleje más y más de la esperanza, las promesas, y de lo que Dios quiere obrar en nosotros.

    La Iglesia no está llamando a la gente a que venga al templo para que haya más espectadores en los asientos, y se puedan llenar los edificios sagrados… la Iglesia te invita y te abre sus puertas para que escuches la Palabra que te forma, que te enseña el camino a Dios, en la que encuentras esperanza, perdón, y salvación.

    Cuando te niegas a todo esto, no solo estás rechazando a Dios, sino que te estás negando a fortalecer tu fe. Una fe débil es la semilla que cae en el camino, la cual las aves se pueden llevar fácilmente.

    El segundo tipo de terreno es —según Jesús— el que está lleno de piedras. Estos son los corazones que se dejan llevar por las emociones del momento, y que llegan a creer que tienen una fe fuerte, alegre, capaz de todo, pero que no aguantan la primera prueba, ni la primera aflicción.

    Estos son como aquellos que van a una iglesia porque el pastor es famoso en el Instagram, o van a esas súper congregaciones basadas en música alegre, luces, cámaras, y grandes templos. Por favor, no me malinterpreten en este punto: Conozco iglesias muy lindas que pudieran ofrecer estas cosas. Sin embargo, tengan cuidado con basar la fe en las emociones, o en estos elementos. Nuestra fe la sostiene Dios, no las emociones.

    Hay creencias muy peligrosas que se predican en algunos sitios donde todo se basa en el gozo, en la fiesta, la prosperidad, o que te dicen que si crees en Dios nada malo te pasará. ¡Cuidado con esto! Jesús nos habló de las aflicciones y los sufrimientos que nos esperan en este mundo, y que tenemos que estar preparados para enfrentar los desafíos que trajo el pecado a nuestras vidas. Nuestros corazones son terrenos pedregosos cuando nuestra mirada está en lo que sentimos, que casi siempre es temporal, y no en lo que Jesucristo hizo por nosotros que es eterno.

    Hay un tercer tipo de terreno: el de las espinas.

    Cuando las semillas del evangelio caen en nuestro espinoso corazón, dejamos que las preocupaciones o el afán del día a día ahoguen lo que Dios quiere plantar en nosotros.

    Hay muchas espinas allá afuera, y especialmente dentro de nosotros, que nos están dañando.

    Muchos están lidiando con las espinas de las adicciones, de cosas que quisiéramos dejar de hacer porque nos dañan, pero que no podemos. Hablo de esos pensamientos intrusivos que ponen nuestras miradas y deseos en lugares o situaciones equivocadas. Ese afán por el dinero, por tener más cosas, o por conseguir más “likes” en las redes. Hay espinas que se evidencian en lo que decimos, en lo que hacemos, en lo que dejamos de hacer, y especialmente en lo que pensamos.

    ¿Qué tipo de terreno crees que tiene tu corazón?

    Como ves, nuestros corazones a veces pueden ser terrenos como el camino, en los que la semilla se roba fácilmente porque oímos a Dios, pero nos negamos a escucharle.  Quizás sean nuestros corazones unos terrenos pedregosos, centrados en la alegría del momento, y no en la fe que Dios ha puesto en nosotros para soportar cuando lleguen las aflicciones. Y tal vez tu corazón y tu vida sean lugares espinosos, donde las preocupaciones, los pecados, o el afán, hacen que la semilla de la Palabra se ahogue rápidamente.

    Mis amigos de Para El Camino:

    El corazón humano no está preparado para recibir las semillas de la Palabra de Dios, así como el árbol malo no puede dar buenos frutos (Mateo 7:18).

    Mi abuelo no fue a la escuela para aprender a trabajar la tierra. De hecho —aunque fue un hombre muy sabio— no pudo terminar la escuela primaria.

    Pero algo sí sabía y se encargó de enseñarnos a todos en la familia: Antes de sembrar había que preparar la tierra.

    Y esto es precisamente lo que Dios quiso hacer al enviar a Su Hijo al mundo.

    Jesús vino a preparar nuestros corazones, como el sembrador hace cuando quiere tener una buena cosecha.

    Es por eso que Él llega a ti en esta Palabra y pone Su Espíritu Santo para preparar el terreno de tu corazón.

    Cuando tú o yo somos o fuimos bautizados, Él estaba regando con Su agua la tierra donde plantaría la semilla del evangelio.

    Con Su perdón, Él prepara el terreno y hace que tu tierra sea buena para la siembra.

    El Señor espanta todo eso que quiere arrebatar de tu vida lo que Él se ha planteado obrar en ti; es Jesús quien quita las piedras del gozo temporal, para llenar tu vida con la alegría eterna de sabernos hijos amados de Dios… es Cristo quien corta esos espinos que te ahogan, y que habitan en tu mente, en tu diario vivir, y en tus pecados.

    Él hace que la Palabra nunca regrese vacía, sino que sirva para germinar, y dar mucho fruto, en el terreno de tu corazón. Su sangre derramada por ti en la Cruz es el abono, y el agua de tu Bautismo regará la tierra buena que Jesús mismo preparará en tu vida. No tengas miedo y cree: Jesús se encargará de preparar el terreno de tu corazón, y plantará en ti la semilla de la vida eterna y la salvación. Amén.

    Hoy te invito a visitar nuestro portal en Internet: PARAELCAMINO.COM y también a que nos sigas en nuestras redes sociales. Te invito además a descargar nuestra aplicación de CPTLN, o visitar nuestros sitios hermanos: SENTIDOLATINO.COM y VIVENCIAR.NET. Si quieres conocer más sobre Jesús, puedes ponerte en contacto con nosotros aquí en CRISTO PARA TODAS LAS NACIONES. ¡Tengan todos y todas una feliz semana!