PARA EL CAMINO

  • El catálogo del amor

  • abril 5, 2026
  • Rev. Dr. Hector Hoppe
  • Notas del sermón
  • © 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
  • TEXTO: Colosenses 3:1-4
    Colosenses 3, Sermones: 5

  • Comenzamos esta reflexión bajo la bendición de Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Amén.

    ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! Hoy es un día de júbilo para la cristiandad en todo el mundo, porque no hay mejor noticia que saber que Cristo venció el pecado, al diablo, y a la muerte eterna. Nos afirmamos en esta verdad indiscutible: ¡Cristo resucitó! Pero, claro, primero Cristo tuvo que morir, y vaya de qué forma. Lo hemos descrito claramente en esta última semana. Latigazos, herida de lanza en el cuerpo y espinas incrustadas en la cabeza, pero al tercer día ¡resucitó! ¿Y ahora? ¿Qué sigue a todo esto? De eso se trata el texto que estudiamos hoy.

    San Pablo comienza el capítulo 3 diciendo: “Puesto que ustedes ya han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios”. Qué increíble cambio de enfoque. Ahora nos tenemos que concentrar en nuestra propia resurrección. No estamos hablando de la resurrección que sucederá al final de los tiempos cuando nuestro Rey Cristo venga a juzgar a los vivos y a los muertos, sino a la resurrección que experimentamos el día en que fuimos bautizados. Así lo explica el apóstol un poco antes: “Cuando ustedes fueron bautizados, fueron también sepultados con él, pero al mismo tiempo resucitaron con él, por la fe en el poder de Dios, que lo levantó de los muertos” (2:12). Ya no se trata solamente de la resurrección de Cristo. Todos los cristianos somos personas resucitadas a una nueva vida.

    En nuestro bautismo hemos muerto al pecado y hemos resucitado a una vida nueva. Aunque tal vez fuimos bautizados de bebés, y no experimentamos esa transformación, lo cierto es que somos nuevas criaturas gracias a la obra de Dios. Ahora, como resucitados, cambiamos el enfoque. El apóstol nos llama a buscar las cosas de arriba. ¿Qué hay arriba? Mejor dicho, ¿quién está arriba? Cristo. Él es el objeto de nuestra fe y la fuente de nuestra vida. Cuando buscamos las cosas de arriba no solamente las encontramos, sino que también las obtenemos.

    Reconozco que todo el tiempo nos pasamos buscando. A veces buscamos un lugar tranquilo, otras veces buscamos compañía, y otras veces buscamos alguna palabra de consuelo, de ánimo, de esperanza. San Pablo sabe que solo Cristo puede darnos esa tranquilidad, ese consuelo, ese ánimo, y esa esperanza. Cristo está arriba, pero no lejos. Después de Su resurrección Él ascendió para sentarse a la derecha de Dios. El rey David profetizó esto en el Salmo 110 (:1) cuando escribió: “Palabra del Señor a mi señor: ‘Siéntate a mi derecha, hasta que yo ponga a tus enemigos por estrado de tus pies’”. Estar arriba y a la derecha de Dios no describe un espacio físico ni geográfico, sino el lugar de gobierno, el lugar donde los enemigos de Dios y de Sus criaturas son aplastados. Para los redimidos, Cristo resucitado y sentado a la derecha de Dios es el lugar desde dónde Él derrama todas Sus bendiciones.

    El Cristo resucitado y coronado Rey fueron, junto con Su crucifixión, los temas fundamentales en la predicación de la iglesia del Nuevo Testamento. Hoy reiteramos cuán fundamental son esos temas que describen la obra de Cristo por nosotros. ¿Por qué? Porque esas cosas que Cristo nos da desde arriba nos capacitan para ser “la sal de la tierra” y “la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). ¡Ahora vivimos como personas resucitadas!

    Estimados oyentes, ¿hacia dónde miramos? Es mi experiencia que cuando miro a mi alrededor encuentro un mundo deprimente. No hace falta enumerar todo lo malo que sucede en nuestra sociedad y alrededor del mundo. Y cuando miramos hacia adentro, descubrimos nuestras debilidades, nuestras culpas, nuestras deficiencias, nuestros miedos. Las cosas de la tierra que son las que vemos a diario, desde que nos levantamos, fueron maldecidas por Dios mismo. En Génesis 3 (:17) Dios le dice a Adán: “Puesto que… comiste del árbol que te ordené que no comieras, maldita será la tierra por tu causa”. Aunque las cosas de la tierra, las que necesitamos para comer y dormir y vivir día a día, son hermosas en sí mismas, y buenas y necesarias, no son perfectas, están contaminadas y se corrompen fácilmente.

    Porque con mucha frecuencia nos enfocamos en lo que está abajo, en lo que está adentro de nosotros, en lo que nos duele, en lo que nos molesta, dejamos de mirar lo que necesitamos ver, lo que nos muestran los evangelios: la Cruz de Cristo y Su tumba vacía. San Pablo anima a los creyentes de Colosas que aparten la mirada de las cosas de la tierra en la que ellos antes se concentraban: las diversiones nocivas, la inmoralidad sexual, la avaricia, y la puja por los mejores puestos y las cosas superficiales. Este mensaje es también para nosotros.

    Para buscar y obtener las cosas de arriba, primero tenemos que mirar a la Cruz y a la tumba vacía. Eso es lo que, con profunda reverencia, hacemos hoy. ¿Qué sucedió en la Cruz? Junto al Cristo clavado y doliente estaban nuestros pecados. Esos pecados fueron la causa real de Su muerte. Al morir en lugar nuestro, Cristo nos liberó para siempre de tener que presentarnos como culpables delante de Dios. Su muerte nos elevó a otro mundo, al mundo celestial donde hay solo lo que Dios puede dar. Hoy miramos a la tumba vacía con corazones perdonados. Ahora podemos elevar la vista al cielo y ver a Cristo en Su trono reinando con paz y compasión a Su Iglesia.

    El apóstol Pablo, cuando les escribe a los Filipenses les dice cómo es en realidad el buscar las cosas de arriba. En su carta les dice: “Por lo demás, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo honesto, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable, en todo lo que es digno de alabanza; si hay en ello alguna virtud, si hay algo que admirar, piensen en ello. Lo que ustedes aprendieron y recibieron de mí; lo que de mí vieron y oyeron, pónganlo por obra, y el Dios de paz estará con ustedes” (Filipenses 4:8-9).

    Para buscar las cosas de arriba no nos subimos a ninguna escalera, sino que nos acercamos a la palabra de Dios, y nos acercamos al altar para comer y tomar el cuerpo y la sangre de Cristo. Abrir las Escrituras es abrir el cielo con sus dones abundantes. Comer y tomar la Santa Cena es recibir al Cristo que ya no está en la tumba. Así Él nos fortalece en la fe y nos ampara contra todo peligro diabólico. Para buscar las cosas de arriba, tenemos también que volver y revisar la historia, la nuestra, la que nos contaron, al momento en que fuimos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Desde ese momento se nos abrió el cielo. En nuestro bautismo hemos sido sepultados junto con Cristo y resucitados junto con Él a una nueva vida.

    En el versículo 3 de nuestro texto San Pablo dice “Porque ustedes ya han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios”. Solo los creyentes vemos y experimentamos esa vida escondida. El mundo no la puede ver, porque para verla hay que tener la vista que provee el Espíritu Santo. Pero, aunque nuestra vida cristiana sea incomprensible al mundo pecador, no tenemos que mantenerla oculta. Los dones del cielo, las cosas de arriba nos enseñan a ser la luz del mundo y la sal de la tierra. Lo que Cristo nos da desde Su trono de honor y poder sirve para que podamos mostrar la buena voluntad de Dios de traer el evangelio del perdón y de la salvación a todas las criaturas de la tierra.

    Un poco más adelante en su carta, el apóstol les muestra a los colosenses cómo prender la luz para que los demás vean lo que Cristo es y lo que nos ha dado al perdonar nuestros pecados. Estimados amigos, les presento a continuación el catálogo del amor que Dios preparó de antemano para que nos ejercitemos como cristianos resucitados. San Pablo dice así: “…como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sean mutuamente tolerantes. …perdónense de la misma manera que Cristo los perdonó. Y sobre todo, revístanse de amor, que es el vínculo perfecto. Que en el corazón de ustedes gobierne la paz de Cristo… Y sean agradecidos. La palabra de Cristo habite ricamente en ustedes. Instrúyanse y exhórtense unos a otros con toda sabiduría; canten al Señor salmos, himnos y cánticos espirituales, con gratitud de corazón” (Colosenses 3:12-16).

    Todas estas cosas que están en el cielo caen sobre la Iglesia como lluvia de bendición, gracias a la obra generosa y amorosa de Cristo. Entre todas esas bendiciones está el último versículo de nuestro texto: “Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria”. La vida oculta ahora para muchos será en algún momento manifestada. Eso sucederá cuando el tiempo se junte con la eternidad. En el día final, el Cristo resucitado, el rey glorioso del universo y de la eternidad volverá en gloria y junto a Él, todos Sus redimidos serán iluminados con la santidad y la gloria plena de Dios. No sabemos cómo será eso. No experimentaremos eso aquí mientras vivimos entre angustias y sinsabores, será cuando Dios nos transporte a Su lugar celestial.

    Cuando seamos manifestados con Cristo en gloria ya no habrá más cosas escondidas. La gloria de Cristo que se manifestará en la resurrección final de todos los muertos se manifestará también en nosotros como corona de lo que Cristo hizo por Su Iglesia. ¡A Él sea la gloria y la alabanza por siempre!

    Es mi oración, estimado oyente, que este mensaje de resurrección y de nueva vida celestial te anime a leer las Escrituras para que puedas descubrir cómo todo, acerca de Cristo, ha sido escrito para tu enseñanza, para traerte esperanza, paz, gozo, y amor. En el poder del Espíritu Santo, verás que no tienes que esperar a la resurrección final para disfrutar de la presencia de Dios. El catálogo del amor de Dios está a tu disposición hoy. Te aliento también a que, si tienes oportunidad, participes de la reunión semanal de todos los creyentes para escuchar la palabra de Dios y celebrar la Santa Comunión. Y si quieres más información sobre la obra de Cristo por ti, a continuación, te diremos cómo comunicarte con nosotros en Cristo Para Todas Las Naciones. Amén.