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ALIMENTO DIARIO
Jesús les dijo otra vez: «Paz a ustedes; como el Padre me ha enviado, así también Yo los envío» (Juan 20:21 NBLA).
Aquí los discípulos estaban encerrados, asustados y sin un plan claro. No se sentían listos para nada. No estaban pensando en misión ni en propósito; estaban paralizados. ¿Te ha pasado? A mí sí. Pero es justo ahí, en ese momento de debilidad, no de fortaleza, que Jesús resucitado aparece, les da paz a Sus discípulos… y luego los envía. Nota que Su envío nace en medio de la fragilidad humana, no después de que uno “se arregla”.
A veces no siento que no tengo suficientes palabras, suficiente ánimo o suficiente claridad para acompañar a mis seres queridos, o a los que están alejados de la fe. A veces siento que la vida está tan llena de responsabilidades que pensar en “ser enviado” parece demasiado. Pero mira cómo actúa Jesús: Él no eligió a Sus discípulos para ser enviados por su capacidad. Los envió sencillamente porque eran Suyos.
Y es que la misión no comienza en ti; comienza en Cristo. Él es el enviado del Padre, y ahora comparte contigo esa misma misión. Y lo hace de una manera tan hermosa: te da la paz primero, y luego te envía en esa paz. Eso significa que cuando Jesús te pone a alguien en el corazón—un hijo, un vecino, un compañero, un familiar que parece distante—no te está entregando una carga imposible, sino invitándote a ser un portador de Su paz en el camino.
Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo?
Vivo caminando con la paz que Dios me dio primero, sin cargar la misión sobre mis hombros. Capacitado por el Espíritu, podemos vivir siendo enviados tal como estamos, confiando en que Jesús resucitado va delante de nosotros y nos envía con Su paz.
Padre nuestro, gracias porque Jesús resucitado nos envía con Su paz y sostiene la misión con Su presencia y Su Espíritu. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar:
* ¿En qué lugar de tu vida sientes que Jesús podría estar enviándote con Su paz?
* ¿A quién quisieras encomendar hoy para que la paz de Cristo alcance su corazón?
Diaconisa Noemí Guerra
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