ALIMENTO DIARIO

  • "Cristo en los Salmos: El Mesías sufriente, glorioso y Rey eterno"


  • febrero 17, 2026
  • Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, me consideran. Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes (Salmo 22:16-18 JBS).


  • ¿Alguna vez has leído un salmo que parece describir exactamente lo que sientes? Hay momentos en que las palabras de David parecen nuestras: cuando estamos cansados, confundidos o dolidos, los Salmos nos dan voz para hablar con Dios desde lo más profundo del corazón.

    Pero este salmo, el 22, va mucho más allá de la experiencia personal. Es una profecía viva, escrita siglos antes de Jesús, que describe con exactitud Su sufrimiento en la Cruz.

    David escribió estas palabras sin imaginar que un día se cumplirían literalmente en Cristo: las manos y los pies horadados, la ropa dividida entre los soldados, la humillación ante los que se burlaban. El dolor del salmista anticipaba el dolor del Mesías, el Hijo de Dios que cargaría con el pecado del mundo.

    En la Cruz, Cristo oró con las mismas palabras de este salmo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Él tomó nuestro lugar, nuestro castigo y nuestro abandono para que tú y yo nunca tengamos que vivir lejos del amor del Padre.

    Y aunque el Salmo 22 comienza con clamor y angustia, no termina en derrota. Termina en victoria. El que sufrió también reinará. El que fue humillado será exaltado. El que fue traspasado vivirá para siempre.

    Así que la próxima vez que te sientas triste o agotado, abre los Salmos. Allí, el Mesías sufriente se convierte en tu consuelo. El Rey eterno te enseña a confiar. Y el Pastor fiel te recuerda que, aunque haya dolor, Su victoria ya es tuya.

    Padre nuestro, gracias porque en los Salmos nos hablas de Cristo, el Mesías que sufrió, murió y resucitó por nosotros. Cuando nos sintamos sin fuerzas, recuérdanos que Su Cruz y Su victoria también nos pertenecen. En el nombre de Jesús. Amén.

    Para reflexionar:
    * ¿Cómo te anima saber que Jesús oró los mismos Salmos que tú lees hoy?
    * ¿Cómo puedes usar los Salmos para compartir consuelo con alguien que sufre?

    Diaconisa Noemí Guerra


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