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ALIMENTO DIARIO
Después de esto, derramaré mi espíritu sobre la humanidad entera, y los hijos y las hijas de ustedes profetizarán; los ancianos tendrán sueños, y los jóvenes recibirán visiones (Joel 2:28).
Cuando nuestros hijos estaban pequeños, les enseñamos que cuando terminaban de jugar, debían recoger los juguetes. Ellos recogían los juguetes no para ganarse la leche que iban a tomar, ni el techo donde vivían, ni su cunita, ni la ropita, ni los pañales. Todo eso ya lo tenían. Ya eran nuestros hijos. Ya estaban cuidados, alimentados y amados. Recogían los juguetes porque eran parte de la familia. Porque tenían fuerzas. Porque estaban capacitados para hacerlo.
En la lectura de hoy, Dios no dice: “Si te portas bien, entonces te doy mi Espíritu”. Dios dice: “Yo derramaré mi Espíritu”. Primero da el regalo. Primero crea la relación. Primero capacita.
Y aquí vemos a Cristo en Joel: El que derrama Su Espíritu.
En tu Bautismo, Dios no solo te perdonó; por la obra de Cristo te dio Su Espíritu, el mismo que prometió en Joel. Por eso, decir “soy perdonado” no es una excusa para vivir como sea. Y tampoco es una carga imposible. Es una realidad nueva. Así como mis hijos no recogían juguetes para ganarse su leche, tú no vives como cristiano para ganarte a Dios. Vives como cristiano porque ya le perteneces.
Nuestros niños a veces dejaban los juguetes tirados. Pero ahí no se rompía la relación. Se corregía, se perdonaba y se seguía adelante.
Así se vive la vida bautismal: arrepentimiento diario, perdón real y una lucha sincera por vivir como Cristo, no para ganar algo, sino porque ya todo nos fue dado y somos capacitados por Su Espíritu.
Porque Cristo ya derramó Su Espíritu, no avanzas por tu cuenta: cuando fallas hay perdón, cuando dudas hay guía, y cada día se abre un camino nuevo para vivir la fe con confianza. Así que, no hay excusas… porque hay Espíritu.
Padre nuestro, gracias porque derramaste Tu Espíritu sobre nosotros. Gracias porque en Cristo nos hiciste Tus hijos y nos capacitaste para vivir como tales. Amén.
Para reflexionar
* ¿Qué cambia en tu manera de vivir al recordar que ya eres hijo amado?
* ¿Cómo puedes vivir hoy tu vida bautismal confiando en la gracia que te capacita?
Diaconisa Noemí Guerra
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