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ALIMENTO DIARIO
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación (Mateo 5:4).
Jesús había subido al monte y estaba enseñando a Sus discípulos, mientras una multitud lo escuchaba. Les habló de quiénes son bienaventurados en Su reino: los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos. Jesús no estaba diciendo que sufrir es bonito ni que llorar es fácil. Nos dice aquí que los que lloran no quedan olvidados delante de Dios.
Quizá tú sabes lo que es sentirse así. Yo también he llorado, me he sentido pobre de espíritu, cansada, con heridas, necesitando consuelo, aunque por fuera me toque seguir como si nada. Trabajamos, preparamos comida, contestamos mensajes, cuidamos de nuestra familia, pero por dentro lloramos.
Ayer celebramos el Día de Todos los Santos. No celebramos a los muertos ni buscamos hablar con ellos. Sino que damos gracias a Dios por los creyentes que ya descansan en Jesús, en Sus manos, esperando la resurrección. Y también miramos nuestra vida, donde todavía hay lágrimas, sillas vacías y nombres que extrañamos.
Porque no podemos vencer la muerte con fuerza de voluntad. No podemos sanar el alma con frases bonitas. Por eso necesitamos un Salvador. Jesús lloró. Jesús sufrió. Jesús cargó nuestro pecado en la Cruz y resucitó para vencer la muerte. Cuando Él dice que los que lloran recibirán consolación, nos está dando una promesa viva.
Delante de Dios, podemos llorar sin seguir como si nada.
Y con nuestro prójimo, esa consolación nos capacita para acompañar a otros que lloran.
Así que la próxima vez que llores o estés triste, recuerda que Jesús no abandona a los que lloran. Él ve nuestro dolor, recibe nuestras lágrimas, perdona nuestro pecado y nos consuela con la promesa viva de Su muerte y resurrección. Por eso, aun cuando extrañamos a quienes ya descansan en Él, no lloramos sin esperanza: el Cordero resucitado nos sostiene delante de Dios y nos capacita para acompañar con amor a otros que también sufren.
Padre nuestro, gracias porque Jesús venció la muerte y consuela a los que lloran. Danos fe para descansar en Él y amor para acompañar al que sufre. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Qué tristeza necesitas traer hoy delante de Jesús?
* ¿Con quién podrías compartir este devocional para recordarle que Jesús consuela a los que lloran?
Diaconisa Noemí Guerra
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