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ALIMENTO DIARIO
Y todo lo que hagan, håganlo de corazón, como para el Señor y no como para la gente (Colosenses 3:23).
Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad (Juan 1:14).
En el camino, JesĂșs les preguntĂł: «¿QuiĂ©n dice la gente que soy yo?» Ellos respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que ElĂas; y otros mĂĄs, que alguno de los profetas.» Entonces Ă©l les preguntĂł: «Y ustedes, ÂżquiĂ©n dicen que soy?» Pedro le respondiĂł: «TĂș eres el Cristo» (Marcos 8:27b-29).
Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió todo para bien, para hacer lo que hoy vemos, que es darle vida a mucha gente (Génesis 50:20).
JesĂșs llamĂł a los doce y comenzĂł a enviarlos de dos en dos. Les dio autoridad sobre los espĂritus impuros… TambiĂ©n expulsaban muchos demonios, y ungĂan con aceite a muchos enfermos y los sanaban. (Marcos 6:7,13).
Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud (Gålatas 5:1).
Pero lo cierto es que él [Dios] no estå lejos de cada uno de nosotros, porque en él vivimos, y nos movemos, y somos. Ya algunos poetas entre ustedes lo han dicho: Porque somos linaje suyo (Hechos 17:27b-28).
La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ÂĄcontra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes! (Efesios 6:12).
Entonces dijo Dios: «¥Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! … Y Dios creĂł al hombre a su imagen. Lo creĂł a imagen de Dios. Hombre y mujer los creĂł (GĂ©nesis 1:26a-27).
AllĂ estaba una mujer que desde hacĂa doce años padecĂa de hemorragias y habĂa sufrido mucho a manos de muchos mĂ©dicos, pero que lejos de mejorar habĂa gastado todo lo que tenĂa, sin ningĂșn resultado. Cuando oyĂł hablar de JesĂșs, se le acercĂł por detrĂĄs, entre la gente, y le tocĂł el manto… Y tan pronto como tocĂł el manto de JesĂșs, su hemorragia se detuvo, por lo que sintiĂł en su cuerpo que habĂa quedado sana de esa enfermedad… TodavĂa estaba Ă©l hablando cuando de la casa del jefe de la sinagoga vinieron a decirle: «Ya no molestes al Maestro. Tu hija ha muerto.» Pero JesĂșs, que oyĂł lo que decĂan, le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas. SĂłlo debes creer»… JesĂșs la tomĂł de la mano, y le dijo: «¥Talita cumi!», es decir, «A ti, niña, te digo: ÂĄlevĂĄntate!» Enseguida la niña, que tenĂa doce años, se levantĂł y comenzĂł a caminar… (Marcos 5:25-27, 29, 35-36, 41-42a).