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ALIMENTO DIARIO
El amor es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoĂsta ni se irrita; no es rencoroso (1 Corintios 13:4-5).
Pero si ustedes no perdonan a los otros sus ofensas, tampoco el Padre de ustedes les perdonarĂĄ sus ofensas (Mateo 6:15).
Este domingo es el cuarto domingo despuĂ©s de la EpifanĂa y recordamos que JesĂșs tiene autoridad para perdonar nuestros pecados y darnos vida. En la lectura de hoy, vemos a JesĂșs en CafarnaĂșm, enseñando y haciendo milagros.
El Señor estĂĄ cerca de los que tienen quebrantado el corazĂłn; Ă©l rescata a los de espĂritu destrozado (Salmo 34:18 NTV).
AquĂ Pedro le pregunta a JesĂșs cuĂĄntas veces debe perdonar a alguien que le ha hecho daño, y JesĂșs le responde enseñåndonos que el perdĂłn debe ser ilimitado, igual que el perdĂłn constante de Dios hacia nosotros. En lugar de poner un nĂșmero fijo, JesĂșs nos dice que debemos perdonar siempre, como Dios lo hace con nosotros.
Esta es la hermosa oraciĂłn de lo profundo del corazĂłn de un publicano o recaudador de impuestos que se acerca a Dios en humildad y arrepentimiento. Nos da una gran lecciĂłn.
El perdĂłn es un tema central en la vida cristiana, y JesĂșs lo destaca claramente cuando nos enseña a orar. Entender y vivir el perdĂłn segĂșn los principios del Reino de Dios significa reconocer la gracia inmensa que Cristo nos ha ofrecido y dejar que esa gracia transforme nuestras actitudes hacia quienes nos han hecho daño.
La autora de esta devociĂłn nos dice: hace unos años, cuando comencĂ© en un nuevo trabajo, estaba muy feliz. Mi jefe era increĂblemente amable y prometiĂł cosas maravillosas para el futuro.
Si escuchas las noticias, el abuso y la injusticia estĂĄn a la orden del dĂa. Yo trato de no verlas todos los dĂas porque, la verdad, deprime.
Pero ÂżcĂłmo puede habitar el amor de Dios en aquel que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano pasar necesidad, y le cierra su corazĂłn? Hijitos mĂos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad (1 Juan 3:17-18).