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ALIMENTO DIARIO
JosĂ©, su marido, era un hombre justo y quiso dejarla secretamente, pues no querĂa denigrarla (Mateo 1:19).
MarĂa, la madre de JesĂșs, estaba comprometida con JosĂ©, pero antes de unirse como esposos se encontrĂł que ella habĂa concebido del EspĂritu Santo. (Mateo 1:18b)
Lleno del EspĂritu Santo, ZacarĂas, su padre, profetizĂł: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha venido a redimir a su pueblo… Y a ti, niño, te llamarĂĄn «Profeta del AltĂsimo», porque irĂĄs precediendo al Señor para preparar sus caminos. DarĂĄs a conocer a su pueblo la salvaciĂłn y el perdĂłn de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios. La aurora nos visitĂł desde lo alto, para alumbrar a los que viven en tinieblas y en medio de sombras de muerte; para encaminarnos por la senda de la paz (Lucas 1:67-68 y 76-79).
Luego le preguntaron a su padre, por señas, quĂ© nombre querĂa ponerle. ZacarĂas pidiĂł una tablilla y escribiĂł: «Su nombre es Juan.» Y todos se quedaron asombrados. En ese mismo instante, a ZacarĂas se le destrabĂł la lengua y comenzĂł a hablar y a bendecir a Dios (Lucas 1:62-64).
Cuando se cumpliĂł el tiempo, Elisabet dio a luz un hijo (Lucas 1:57).
«Mi alma glorifica al Señor, y mi espĂritu se regocija en Dios mi Salvador» (Lucas 1:46b-47).
ÂĄDichosa tĂș, que has creĂdo, porque se cumplirĂĄ lo que el Señor te ha anunciado! (Lucas 1:45).
Por esos mismos dĂas, MarĂa fue de prisa a una ciudad de JudĂĄ que estaba en las montañas. Al entrar en la casa de ZacarĂas, saludĂł a Elisabet (Lucas 1:39-40).
Pero MarĂa le dijo al ĂĄngel: «¿Y esto cĂłmo va a suceder? ÂĄNunca he estado con un hombre!» … ÂĄPara Dios no hay nada imposible!» MarĂa dijo entonces: «Yo soy la sierva del Señor. ÂĄCĂșmplase en mĂ lo que has dicho!» Y el ĂĄngel se fue de su presencia (Lucas 1:34,37-38).
El ĂĄngel le dijo: «MarĂa, no temas. Dios te ha concedido su gracia. Vas a quedar encinta, y darĂĄs a luz un hijo, y le pondrĂĄs por nombre JESĂS. «Ăl serĂĄ un gran hombre, y lo llamarĂĄn Hijo del AltĂsimo. El Señor Dios le darĂĄ el trono de su antepasado David, y reinarĂĄ sobre Israel para siempre; su reinado no tendrĂĄ fin» (Lucas 1:30-33).