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ALIMENTO DIARIO
Si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:13 LBLA).
Pablo está escribiendo su última carta conocida, probablemente desde una prisión romana durante el reinado de Nerón, alrededor del año 64–67 d.C. A diferencia de su primer encarcelamiento, ahora no espera ser liberado. Él mismo dice: “yo ya estoy para ser sacrificado” (2 Timoteo 4:6).
Había persecución, miedo a ser identificado como creyente, y muchos se estaban alejando para protegerse. Incluso Pablo menciona por nombre a personas que lo abandonaron (2 Timoteo 1:15; 4:10). Timoteo, a quien Pablo escribe aquí, era un joven que servía en una iglesia marcada por falsas enseñanzas, conflictos internos y presión externa.
En medio de todo esto, Pablo escribe: “Si somos infieles, él permanece fiel”. Y esto no es una excusa para que seamos infieles a Dios. Es una proclamación del Evangelio. Pablo está confesando que la fidelidad de Cristo no depende de la respuesta humana. Cristo permanece fiel porque no puede negarse a sí mismo. Su fidelidad no es un esfuerzo; es Su naturaleza.
Jesús resucitado es la prueba viva de esta fidelidad. Cuando todos fallaron —cuando los discípulos huyeron, cuando Pedro negó, cuando las promesas humanas se rompieron—, Él siguió siendo fiel. Fue fiel hasta la Cruz. Y la resurrección confirma que esa fidelidad sigue en pie hoy. Cristo no cambia cuando tú fallas. No se aleja. No retira Su promesa.
Entonces, en estos 50 días entre Pascua y Pentecostés podemos descansar en esta verdad firme: Jesús resucitado permanece fiel.
Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo?
Por el Espíritu puedo depender de la fidelidad de Cristo, no de la mía. Y cuando fallo, cuando otros fallan y cuando todo parece inestable, puedo vivir recordando que Jesús resucitado permanece fiel.
Padre nuestro, gracias porque Jesús resucitado permanece fiel aun cuando todo falla. Gracias porque Tu fidelidad no cambia y sostiene nuestra vida por la obra perfecta de Cristo. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar:
* ¿Qué te consuela hoy al saber que la fidelidad de Cristo no depende de la tuya?
* ¿A quién puedes encomendar hoy al cuidado del Jesús que nunca falla?
Diaconisa Noemí Guerra
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