PARA EL CAMINO

  • A veces no sale como queremos

  • octubre 4, 2026
  • Rev. Germán Novelli Oliveros
  • Notas del sermón
  • © 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
  • TEXTO: Isaías: 5:1-7
    Isaías 5, Sermones: 1

  • En las pasadas vacaciones nos fuimos a visitar a nuestros familiares que viven a unas seis horas de casa. Estuvimos de viajes, paseamos, hicimos cosas divertidas, y en verdad tuvimos un gran tiempo en familia, algo que agradezco mucho a Dios. Sin embargo, estuvimos fuera de casa por más de un mes. Al volver, era evidente que nuestra casa necesitaba bastante atención, especialmente el césped del patio que estaba muy alto y lleno de maleza. Algunos dicen que soy muy tacaño para pagarle a alguien que se encargue de cortar la grama, pero la verdad es que es algo que disfruto haciéndolo yo mismo… eso no quiere decir que no sea tacaño.

    El mismo día que regresé a casa, sabía que no podía darle más largas al asunto, así que puse manos a la obra y comencé a preparar todo para encargarme de mi patio trasero. Cuando comencé a recoger algunas cosas, y mover otras, vino la sorpresa que no me esperaba: tenía en casa unas serpientes que habían encontrado allí un buen lugar para quedarse.

    Yo no sé si en verdad sea tacaño o no como dicen por ahí, pero lo que sí sé —y allí sí que no tengo ninguna duda— es que le tengo terror a las serpientes. No me importan si son de jardín, venenosas, anacondas, o lo que sea… sencillamente no me gustan y punto. Cuando voy al zoológico con mis hijos, ni siquiera me atrevo a entrar en el área de los reptiles y serpientes, porque son animales que no disfruto ver.

    Obviamente que estas visitantes indeseables le dieron vuelta a mi día. Lo que había comenzado como una tarde de trabajo tranquilo e intenso, que disfruto mucho, como es arreglar el césped de casa, se tornó en un momento de temor e incomodidad. Miraba con cuidado por donde pisaba, y estaba pendiente de donde iba para no tropezarme con ninguna culebra. De hecho, vi varias salir huyendo a las casas de mis vecinos. ¡Qué pena con ellos!

    Bueno… no más serpientes en mi mensaje.

    Lo que me gustaría que vieras es que a veces las cosas no salen como uno espera o quiere. Un día de trabajo en casa, como arreglar un jardín o limpiar tu hogar, puede arruinarse por algo tan común como visitas inesperadas o algo que se rompe; unas vacaciones en familia pueden verse afectadas si pierdes el avión, se te daña el carro, o te pierden una maleta; e incluso tu vida laboral puede dar un giro inesperado si un día vas a trabajar y descubres que te echaron: he vivido todos esos escenarios y creo que muchos de ustedes también. El vivir en este mundo se trata un poco de esto.

    Pudieran ocurrir situaciones aún más serias. Un diagnóstico médico que no pensabas recibir, una relación amorosa que llega a su fin, o una noticia inesperada… ¡la vida está llena de todo esto!

    Porque en el jardín de la vida todo puede pasar, por más que te esfuerces y creas que lo estás haciendo bien o lo mejor que puedas.

    El texto que corresponde a nuestro mensaje semanal, y con el que quiero que trabajemos en esta oportunidad, lo tomamos del libro de Isaías, capítulo cinco, y aquí el profeta escribe esta parábola que habla, no del patio de una casa, sino de una viña donde ocurre algo inesperado.

    Dice Isaías:

    “…Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. La cercó y la despejó de piedras, y luego plantó en ella vides escogidas; en medio del campo levantó una torre, y además construyó un lagar. Esperaba que su viña diera buenas uvas, pero dio uvas silvestres” (v.1b-3).

    ¡¿Cómo pudo pasar esto!? Cómo es que el Señor de la viña hizo todo bien preparando el terreno, plantando las mejores vides, levantó una torre para proteger su viñedo, incluso lo cercó para cuidarlo aún más… pero el resultado no fue lo esperado, sino todo lo opuesto.

    El Señor amaba Su viñedo que había plantado con tanto cuidado, pero —como te dije ya— en el jardín de la vida todo puede pasar, por más que te esfuerces y creas que lo estás haciendo bien o lo mejor que puedas.

    Isaías no estaba hablando de uvas o de un viñedo aquí. El profeta estaba hablando de Israel, de Su pueblo amado, y por supuesto de ti y de mí. Esto es una parábola de lo que ocurre con Dios en Su relación con nosotros Sus hijos.

    Al crear el mundo, a los hombres, y todas las cosas, Dios plantó un jardín perfecto. En Su plantación no estaban previstas ni la muerte, ni las enfermedades, ni los sufrimientos. Mucho menos que saliera maleza, o que hubiera una mala cosecha. Eso nunca fue el plan de Dios, así como tampoco son tus cargas un plan secreto de Dios para castigarte o condenarte. Todo lo malo de este mundo, desde las uvas silvestres o las cosas que más nos desagradan de esta vida, son el resultado del pecado, de nuestros errores, del mal que habita en y entre nosotros.

    Por lo tanto, en esta parte del libro de Isaías, el profeta quiere que la gente de Israel comprenda la magnitud de sus pecados, especialmente su idolatría. Es por ello que les advierte de muchas maneras que era tiempo de reconocer que estaban fallando a Dios y buscar Su perdón.

    El pueblo de Dios había sido plantado en la tierra prometida, había estado protegido y acompañado por el Señor, quien les perdonaba sus faltas y enviaba profetas para advertirles y prometerles un Salvador, pero ellos insistían en sus malas acciones, descuidando el jardín, y no dando los frutos que Dios esperaba. Dios había plantado las mejores uvas en un terreno escogido, pero sus pecados —los de ellos, los tuyos y los míos— seguían dando frutos salvajes.

    ¿Qué más puedo hacer? — dice el Señor. Quizás pensó algo como: Lo hice todo bien, pero todo se corrompió.

    Isaías continúa con una advertencia poco esperanzadora:

    “…Pues voy a mostrarles lo que haré con mi viña: Le quitaré la cerca, para que sea consumida; abriré una brecha en su muralla, para que sea pisoteada. Haré que se quede desierta. Nadie la podará ni la cultivará. Crecerán en ella cardos y espinos, y ordenaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella” (v.5-6).

    Dice San Pablo que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23), y la consecuencia de nuestras malas acciones, de esos pecados que no queremos confesar o de los cuales no nos arrepentimos, es lamentablemente la condenación.

    A diferencia del patio de mi casa, que se vio afectado por mi ausencia, la plantación de Dios no se dañó por Su ausencia o Su negligencia, sino por el pecado que nosotros dejamos entrar al mundo (1 Corintios 15:21-23).

    Sin embargo, este ambiente desolador no tiene que ser el final, ni tampoco fue el final del amor de Dios por Su pueblo, por ti, y por mí.

    Dice el versículo 7 que Dios todavía tiene amor por Su viñedo, ¡y se complace en él!: “En realidad, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son la planta en que él se complace” (v.7).

    Aquí está hablando el profeta y la Palabra de Dios de nosotros. Somos tú y yo esa casa de Israel y esos hombres de Judá. Nosotros somos esa planta en la que Dios todavía —a pesar de todo— se complace.

    Querido amigo o amiga de PARA EL CAMINO:

    Él te ama, y quiere siempre lo mejor para ti. Por eso está presente entre nosotros… siempre. Por eso es que nos reúne en la iglesia, para alimentarnos con Su Palabra y los Sacramentos. Es por eso que, por los medios de gracia, envía el Espíritu Santo para obrar en tu corazón y el mío el arrepentimiento que necesitamos para regresar a Él y que broten en nuestros corazones frutos mejores de los que nosotros damos.

    Pero debes tener en cuenta algo más: La vida te va a sorprender, positiva o negativamente, de vez en cuando. Es probable que te sucedan cosas que no esperas, que no te agradan, o que te romperán el corazón y dañarán tu jardín. El tema no es lo que nos pasa, sino qué hacemos y en quién confiamos cuando las circunstancias se interponen en el camino. Creo que hemos hablado antes de comenzar a plantearnos —no por qué nos pasan “cosas malas’’ sino para qué nos pasa lo que nos pasa.

    Sabemos que puede ser duro, frustrante, doloroso, e incluso desolador. Como una plantación donde toda la cosecha se echó a perder.

    Hoy quiero decirte que Dios no nos deja solos en esta plantación maravillosa que es la vida. Él envió a Su único Hijo, para que a través de Él volviéramos a ser ese viñedo en el que Él se complace. Jesús vino a restaurar una relación de Dios y Su pueblo que se había roto por el pecado. El Creador ha vuelto para restaurar Su Creación. No solo eso: Jesús murió en la Cruz, y derramó allí Su sangre, para que con ella se regara y se llenara de vida el jardín de Dios en nuestros corazones. Su muerte y Su resurrección hoy nos acercan a Dios; nos llevan a arrepentirnos y nos dan perdón, vida y salvación; y nos cobijan entonces las promesas de la presencia real de Dios entre nosotros.

    Con estos mensajes que traemos para ustedes, en las devociones diarias de CPTLN, en nuestros recursos dispuestos para ti… Dios usa Su Palabra para cultivar en ti algo mejor, algo diferente, algo que llene de vida donde hay muerte, y obre perdón en cada muestra de arrepentimiento.

    Aunque te cueste creerlo, mi intención de este día no fue hablarte de viñedos, plantaciones, o jardines llenos de maleza y serpientes… aunque soy nieto de agricultores, esa no fue mi meta con este mensaje.

    Hoy —junto a Isaías— hablamos del amor de Dios por ti, quien planta Su Palabra en tu corazón, quien te ha mostrado cuánto te ama al enviar a Jesús por ti, quien hoy te dice que —aunque las cosas no siempre salen como quieres o esperas— Él está contigo siempre, te cuida, riega tu corazón, y sigue trabajando en ti para que broten en tu vida los buenos frutos que el Espíritu Santo obrará en ti, para bendecirte y para bendecir a otros a tu alrededor, y que serán la gran cosecha de Dios.

    Toma nota de esto: Aunque la vida se llene de sorpresas inesperadas, o situaciones desagradables, Jesucristo todavía puede hacer cosas maravillosas, aún en medio de la hierba mala. Amén.

    Recuerda que, si quieres conocer más sobre Jesús, y lo que Él quiere plantar en ti, te invito a comunicarte con nosotros aquí en CRISTO PARA TODAS LAS NACIONES.