PARA EL CAMINO

  • Cuatro enemigos de tu matrimonio

  • febrero 15, 2026
  • Rev. Germán Novelli Oliveros
  • Notas del sermón
  • © 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
  • TEXTO: Mateo 5:21—37
    Mateo 5, Sermones: 9

  • Este mes de febrero se celebra en muchas partes del mundo, particularmente en América Latina y Estados Unidos, el Día de San Valentín, también conocido como el Día del Amor y la Amistad o el Día de los Enamorados. Este es un tiempo en el que las tiendas se llenan de chocolates, corazoncitos, peluches, flores, así como se llenan los restaurantes y cines de parejas románticas.

    Aprovechando la ocasión, hoy quisiera que tratáramos el tema del matrimonio y del amor en pareja. Especialmente en esta época donde las relaciones parecieran alejarse más y más del plan de Dios: ahora hablamos del poliamor, de abrir relaciones, de aplicaciones para tener citas sin lazos afectivos, de divorcios fáciles, y de otras prácticas que se presentan como salvadoras de las parejas, y que al final terminan debilitándolas, así como terminan afectando también nuestra relación con Dios y los unos con los otros.

    Para este fin, quiero que volvamos al Sermón del Monte, que encontramos en el capítulo cinco del Evangelio de Mateo, y que comienza con las bienaventuranzas, sigue con Jesús llamándonos “sal y luz del mundo”, y que termina tratando diversos temas sobre nuestro vivir con los demás. En el texto de esta semana, el Señor habla de la ley, de emociones, de nuestras relaciones de unos con otros, de matrimonio, y otros temas. Sin embargo, para efectos de nuestro mensaje de PARA EL CAMINO, me gustaría que nos enfocáramos en cuatro claves que encontramos en este pasaje bíblico, y que las aplicáremos a nuestras relaciones de pareja. Es por ello que hemos titulado este mensaje: Cuatro enemigos de tu matrimonio.

    Ahora bien, es probable que usted no esté casado. Tal vez, usted sea soltero o soltera, esté comprometido para casarse muy pronto, haya entrado en la viudez, o esté saliendo con alguien, o quizás estés divorciado y atravesando un momento difícil. ¡No te preocupes! Estas claves que discutiremos hoy también pudieran servirnos para nuestras relaciones con las demás personas en cualquier contexto en el que nos encontremos.

    El matrimonio no es un asunto fácil y los que han estado casados lo saben. No hay recetas mágicas para conseguir ese “vivieron felices para siempre” que encontramos en los cuentos para niños. Pero hay dos cosas que quiero que apuntes antes de entrar en estas cuatro claves. Lo primero es que Dios nos hizo seres sociales, y nos creó para vivir en comunidad. Es por ello que siempre buscará juntarnos, bien sea para vivir en pareja, o con familias y amigos, en nuestras sociedades, e inclusive en la Iglesia. Lo segundo es que el matrimonio es un estado santo ordenado por Dios, y Él está siempre presente. Confiar en Él, y que Él sea parte de nuestras relaciones, es lo mejor que nos puede pasar.

    Sin embargo, debemos recordar que vivimos en un mundo difícil, arruinado por el pecado, por enemigos que nos bombardean todos los días, y que buscan estropear el plan de Dios para nosotros. Algunos de estos enemigos están afuera, y otros nacen dentro de nosotros, en nuestros corazones.

    Hoy exploramos cuatro, pero te aseguro que pudieran ser más.

    1. LA IRA

    Dice Jesús en Mateo 5:

    21 »Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás”, y que cualquiera que mate será culpable de juicio. 22 Pero yo les digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio…

    Enojarse en nuestras relaciones es tan común y frecuente que a veces se disfraza de normal o cotidiano. La mayoría de las parejas que vienen a conversar conmigo no lo hacen porque se enojaron alguna vez, sino porque llevan con ellos un equipaje muy grande lleno de muchos enojos no resueltos, algunos por muchos años.

    San Pablo invitaba a los Efesios a buscar pronta solución a las disputas. Decía: “Enójense, pero no pequen; reconcíliense antes de que el sol se ponga, y no den lugar al diablo” (Efesios 4:26-27).

    El tema de la ira, que suele ser una emoción difícil de controlar, es que puede hacer mucho daño: tanto al que se enoja como a todos los que están alrededor. La ira hace que digamos cosas de las que después nos arrepentimos. A veces provoca incluso daños físicos o psicológicos que hieren los corazones, las relaciones, y todo lo que esté cerca.

    Somos seres emocionales, y respondemos incluso a reacciones bioquímicas de nuestra humanidad. Sentimos —ira, felicidad, tristeza, o lo que se te ocurra— porque estamos vivos. Sentir es parte de nuestra esencia. Pero no podemos dejar que las emociones, o sentimientos como el enojo, nos controlen.

    El enojo cuando no se habla, cuando no se trabaja, cuando lo vamos acumulando por mucho tiempo, y cuando nos aleja del perdón y la reconciliación que Dios puede obrar en nosotros, es una bomba de tiempo que puede explotar y herir de muerte a nuestras relaciones.

    Por ello, Dios siempre busca la reconciliación temprana, la comunicación constante, y el poder sanador del perdón. Cuando usted sabe lo mucho que Dios le ama y le perdona, es que usted puede amar y perdonar a su prójimo o pareja. Este amor del Padre por ti y por mi nos motiva a buscar el encuentro, la conversación incómoda pero necesaria, y una solución.

    Mi mamá siempre me dice: A veces es mejor ganar la paz que tener la razón. No estás en guerra con los demás, y tu pareja no es tu contrincante. Ganarle a la ira es trabajar por la reconciliación, y esto nos lleva a respirar un poco, esperar que pase la tensión del momento, quizás ceder, y hablar en paz. Perdonamos y nos reconciliamos, porque en Cristo hemos sido perdonados y reconciliados con el Señor.

    Vamos al segundo enemigo.

    1. LAS TENTACIONES

    Jesús continúa:

    27 »Ustedes han oído que fue dicho: No cometerás adulterio”. 28 Pero yo les digo que cualquiera que mira con deseos a una mujer, ya adulteró con ella en su corazón.

    Martín Lutero decía que podíamos dejar que los pájaros vuelen sobre nuestra cabeza, pero jamás dejar que hagan nido en ella.

    Un predicador de tiempos recientes describía esto en esta manera: Usted puede ver a una mujer bonita pasar a su lado y sorprenderse por su hermosura, decía. Lo que no puede es dar la vuelta, y caminar detrás de ella por un par de cuadras más solo para seguir viéndola.

    Las tentaciones con las que batallan nuestros corazones o —en este caso— el adulterio en sí, afligen nuestras relaciones de formas sorprendentes. Y ya no se trata solo de relaciones extramaritales, tal y como lo dice Jesús en el texto: “cualquiera que mira con deseos a una mujer…”

    Hoy día, el consumo de pornografía presenta cifras alarmantes en hombres y mujeres, y también en niños y adolescentes. Hay páginas y aplicaciones para casados que quieren tener citas con otras personas casadas, incluso citas con personajes ficticios creados por la inteligencia artificial. Ante la monotonía de la vida, la gente está diciendo “abramos la relación” y tengamos relaciones con otros poniendo los sentimientos a un lado. Y la verdad es que está demostrado —si quieres poniendo nuestros valores morales o espirituales a un lado— que estas prácticas no funcionan.

    Mis amigos: Nada puede evitar que seas tentado a traicionar al ser que amas o con el que prometiste estar. La traición a veces se consuma, o quizás quede en tu mente o tu corazón. Pero siempre será traición, y hará daño: a ti, a ella o él, o a los tuyos.

    Si este es el enemigo que más guerra te da y donde te sientes más débil, te sugiero que lo hables: tal vez con tu psicólogo si vas a terapia, o con tu pastor si tienes una comunidad de fe cercana, o quizás con un amigo sabio en el que confíes (no el que te dirá lo que quieres escuchar). Háblalo especialmente con Dios en oración, y esos vacíos que hoy llenas de tentaciones, placeres, y esos sentimientos escondidos, trata de llenarlos con la Palabra de Dios, con más momentos de oración, y con actividades que te conecten más a Jesús que a esos deseos.

    Hablemos ahora del tercer enemigo.

    1. QUERER RENDIRSE

    El Sermón del Monte ahora nos habla explícitamente del matrimonio. Aquí dice Jesús:

    31 »También fue dicho: Cualquiera que se divorcia de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.” 32 Pero yo les digo que el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere, y el que se casa con la divorciada, comete adulterio.

    Una vez llegó a mi oficina una pareja con algunos problemas. Ellos me decían que se casaron muy jóvenes y de forma apresurada. Al comienzo de su vida juntos, ellos dijeron algo así como: Vamos a casarnos y si las cosas no funcionan bien, pues nos divorciamos. Trabajé con ellos durante un tiempo y adivinen qué pasó al final: Se divorciaron.

    Ellos comenzaron con el pie incorrecto su historia, y declararon desde el inicio lo que terminaría ocurriendo tarde o temprano. Es como una película mala que desde el principio ya sabes cómo terminará todo.

    Lo triste es que este es el caso de muchas parejas hoy en día. Las tasas de divorcios en los Estados Unidos oscilan entre el 40% y el 50%, según la Asociación Psicológica Americana. Países como España tienen estadísticas superiores a estas.

    Divorciarse es complejo para muchas personas, y ni hablar cuando hay familias, hijos, o disputas en juego. Es una pérdida, es un duelo, es difícil para los que lo viven. Pero por sobre todas las cosas, eso de tirar la toalla y separarse —como primera opción a todo— no es el plan de Dios para tu matrimonio, ni tampoco quiere Él que sufras.

    Hay casos donde no hay otra salida. Cuando hay violencia física o psicológica, y la vida o integridad de alguien está en juego, creo que no quedan muchas alternativas. En caso de adulterio, abandono, y otras situaciones, pudiera ser mejor separarse. . . o quizás no. Yo soy un defensor del perdón, de comenzar de nuevo, del arrepentimiento verdadero y de la reconciliación honesta. Pero a veces lo recomendable es terminar.

    Sin embargo, esto no es lo que el Señor planeó para tu vida.

    Dios quiere tu felicidad. En el principio, Dios creó a la pareja para que fueran una sola carne, para que tuvieran familia, para que disfrutaran el estar y hacer vida juntos: el uno al otro, y especialmente con Dios y Sus bendiciones.

    El pecado arruinó esto. Y donde el Creador había planeado unidad, paz, amor, y compañía para el matrimonio, el pecado trajo separación, conflicto, violencia, y abandono.

    Rendirse no puede ser tu primera opción. Trabajar en matrimonios sanos, y relaciones comprometidas, es lo que Dios obra en tu vida cuando Él se hace presente y se convierte en la columna vertebral de tu relación con tu pareja o con los demás.

    Y finalmente el cuarto enemigo.

    1. PROMESAS ROTAS

    Jesús dijo también:

    33 »Ustedes han oído también que se dijo a los antiguos: No perjurarás, sino que cumplirás tus juramentos al Señor.” 34 Pero yo les digo: No juren en ninguna manera…

    En el altar, frente a Dios, junto a nuestras familias y amigos, dijimos que nos comprometíamos a estar en las buenas y en las malas, en la salud y la enfermedad, y allí también se habló de fidelidad, de amor, de compromiso. . . y cerramos diciendo: hasta que la muerte nos separe.

    El tema de los juramentos juega y pone en tela de juicio la veracidad de nuestra palabra. En este punto, Jesús quiere que no usemos el nombre de Dios en vano, ni que prometamos algo que no estamos dispuestos a cumplir, sino que actuemos con la verdad, que lo que digamos sea sincero y honesto, y que nuestro esfuerzo vaya dirigido a hacer eso que dijimos que haríamos.

    Cuando dañamos a nuestra pareja producto del enojo, cuando caemos una y otra vez en las tentaciones o en el adulterio, cuando nos rendimos a la primera y empezamos a hablar de divorcio, estamos rompiendo la promesa que alguna vez hicimos.

    El “qué harás después” es lo que marcará la diferencia. Seguirás rompiendo una y otra vez las mismas promesas, o en verdad te arrepentirás y buscarás el perdón.

    Tenemos un Dios que cumple lo que promete, que nos prometió un salvador porque sabía que el pecado controlaría cada parte de nosotros y destruiría nuestras relaciones —con Él y con los demás—, y que nos dio a Jesús para obrar en nosotros… este Dios obra perdón en tu vida para que puedas perdonar, obra arrepentimiento y reconciliación para que puedas hacer paz con Él y con otros, y te da por gracia la fe que te salva, la fe que confía en que solo Él puede construir una mejor versión de ti, de tu matrimonio, y de tus relaciones.

    Cuando te sientas atacado por estos enemigos: la ira, el adulterio y las tentaciones, el querer rendirte, o todas las promesas que rompemos, pregúntate si estas cosas valen la pena, si tu sufrimiento o el de los tuyos es algo que necesitas, si quieres ser de los que se rinden o de los que luchan, o si tu palabra no vale nada para ti.

    Yo sé que no es fácil convivir con estos cuatro — o muchos — enemigos que tenemos… y es por eso que todos necesitamos un Amigo fiel que pelee en nuestro lugar.

    Jesús dijo alguna vez que no hay mayor amor que el de aquél que da su vida por sus amigos (Juan 15:13). En Él no solamente somos hijos amados de Dios, redimidos por Él, perdonados por Su obra en la Cruz, sino que también somos Sus amigos.

    Este Amigo entregó Su vida para obrar redención en la tuya. Él está en tu corazón y lo fortalece cuando te atacan los enemigos de tus relaciones; Él promete rescatarte cuando sientas que la rabia, las tentaciones, el deseo de rendirse o los juramentos en vano se adueñan de tu vida. Él es el lazo que te une a tu pareja y a los demás para que —en Su gracia y amor por ti— tú pueda ser equipado para amar y reconciliarse con otros.

    Cuando sientas que la ira te domina, recuerda que Dios descargó Su enojo sobre Su Hijo para darte a ti la salvación y la vida eterna. Cuando tú seas tentado a ser infiel, recuerda que tienes un Dios que es siempre fiel y no te abandona. Cuando tú quieras rendirte, solo recuerda que Dios nunca se da por vencido contigo. Cuando tú rompas tus promesas, piensa que Dios no ha roto las promesas que te hizo, y que perdonará a todo el que se arrepienta y salvará a todo el que le cree.

    Yo no sé con cuál enemigo te estás enfrentando hoy. Quizás es un enemigo diferente al de los cuatros que acabamos de discutir. Tal vez, hoy tú estás sintiendo que esto del amor no es para ti, o que estás tirando la toalla con los demás.

    ¡Ánimo! Jesús sabe de nuestras luchas y batallas, y nos sostiene con Su fuerza en cada una de ellas. Él sabe que el matrimonio —y nuestras relaciones— son mucho más que un 14 de febrero, unos chocolates y algunas flores. Jesús se casó con la Iglesia —con nosotros, Su pueblo— y ha prometido salvarla, cuidarla, acompañarla siempre, y ser fiel. Él te guiará para que tú vivas igual con los demás. Amén.

    Amigo de PARA EL CAMINO, hoy te recomiendo que vayas a nuestra página y descargues gratuitamente un folleto para parejas que estoy seguro será de gran bendición, titulado: TÚ, YO, Y NOSOTROS. ( https://www.paraelcamino.com/booklets/tu-yo-y-nosotros-renew-the-romance/ ). Recuerda además que para conocer más sobre Jesús te invitamos a visitar nuestro sitio en Internet y ponerte en contacto con nosotros aquí, en CRISTO PARA TODAS LAS NACIONES. ¡Nos encontramos muy pronto!