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ALIMENTO DIARIO
Dios mío, ¡ten misericordia de nosotros, y bendícenos! ¡Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros! ¡Que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación! (Salmo 67:1-2).
Recuerdo vívidamente haberme parado más de una vez a pensar cuán cerca estaba Cristo de mí, especialmente en medio de mis labores cotidianas. Pensaba, con la mirada perdida, cómo sería el rostro de Cristo y venía a mí la imagen de un Cristo sereno, sonriente, cuyo gesto pareciera decirme: ¡Sígueme, no dejes nunca de hacerlo, yo estoy aquí contigo!
Quiero que pienses en esta imagen, pues en medio de tu meditación cuaresmal, Sus dones salvíficos, vienen a ti con el resplandor de Su rostro. Cristo mismo es la más grande bendición que recibirás.
No podemos ver la sonrisa de Cristo en medio de nuestros errores ni en las cosas mal hechas. La gracia es gratuita para ti, pero fue cara para Él, por eso el mal no obra alegría en el corazón de Dios sino tristeza e ira. ¡Suelta ya tu mal! No lo retengas en tus manos por más tiempo. ¡Ven y confiesa tu pecado para recibir el perdón de Cristo!
En esta manera, Cristo vendrá a ti y tu experiencia con Su misericordia te hará compartirla con toda la tierra y los que más cerca de ti están.
Libres de pecado, esa sonrisa es antesala a nuestra comunión con Él en el Espíritu, Palabra y Sacramentos. Su sonrisa es la salvación que –por Él, en Él, y con Él—llega a tus días.
Gracias Bendito Dios, en medio de la desgracia de mi pecado, gracias por la salvación en Tu sonrisa. Tu eres infinita misericordia. Que mi boca proclame Tu salvación. Amén.
Para Reflexionar:
* En medio de tu meditación cuaresmal ¿Qué imagen de Cristo te es más consoladora?
* ¿Te cuesta compartir a Cristo con otros? ¿Has pensado que Cristo será bien para los demás?
La devoción de hoy fue escrita por el Pastor Felipe Lobo, obispo y presidente de la Iglesia Luterana de España.
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