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ALIMENTO DIARIO
De cierto les digo que todo lo que aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo (Mateo 18:18).
Samuel era un joven pescador. Un día, mientras navegaba, su red quedó atrapada con algo. Por más que tiraba, no podía liberarla. Con cada intento, el nudo se hacía más fuerte y la red se hundía más. Desesperado, pidió ayuda a su padre, un pescador experimentado. Su padre subió al bote, tomó un cuchillo afilado y con habilidad desató los nudos sin dañar la red. En pocos minutos, Samuel quedó libre de la carga que no podía soltar por sí mismo.
Así es el perdón de Dios. En Mateo 18:18, Jesús nos enseña que el pecado nos ata, pero Él ha dado a su Iglesia la autoridad para desatarlo en su nombre. No podemos liberarnos por nuestra cuenta, pero Cristo, con su Cruz y su gracia, nos desata del pecado y nos declara libres.
Porque el pecado nos ata y nos hunde y por más que intentemos liberarnos, solo terminamos enredándonos más. Pero Jesús vino a hacer lo que nosotros no podíamos hacer. En la Cruz, rompió todas nuestras ataduras, nos desató por completo y, a través de su Palabra y los Sacramentos, sigue desatándonos una y otra vez. Cuando escuchas la absolución en la Iglesia, es Cristo mismo quien te declara libre. No necesitas cargar con la culpa ni luchar solo. En lugar de tirar más fuerte de la red del pecado, entrégasela a Jesús y descansa en su perdón.
Ahora, puedes compartir esta noticia con alguien que necesita ser desatado por la gracia de Cristo.
Padre nuestro, cuando el pecado nos ata, solo Cristo puede liberarnos. Gracias porque en Cristo nos has dado el perdón que no podemos ganar por nosotros mismos y nos aseguras que cuando tu Iglesia proclama la absolución, es tu voz la que nos declara libres. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Cómo puedes descansar en la seguridad de que cuando la Iglesia te proclama la absolución, es Cristo mismo quien te desata del pecado?
* Nombra a una persona con la que puedes compartir hoy esta buena noticia.
Diaconisa Noemí Guerra
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