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ALIMENTO DIARIO
Esdras se había entregado de corazón al estudio de la ley del Señor, y a cumplirla y enseñarla a los israelitas, con todas sus normas y ordenanzas (Esdras 7:10).
La autora de esta devoción nos dice: recuerdo que, en 1998, después del huracán Mitch en Honduras, mi mamá y yo fuimos en un viaje misionero. Llevábamos medicinas y, sobre todo, el amor de Jesús. Fue impactante ver la magnitud del daño: aldeas incomunicadas, caminos borrados y puentes completamente destruidos. Mientras nosotras servíamos a las familias, un grupo de voluntarios iba con herramientas a reconstruir los puentes. Sin ellos, la ayuda no podía llegar… y la gente quedaba aislada.
El pecado hace algo muy parecido: destruye el puente entre Dios y nosotros. Nos deja separados de Su presencia, incapaces de cruzar por nuestras propias fuerzas. Pero Dios, en Su misericordia, envió a Cristo. Él mismo cruzó hacia nuestro lado, cargó con nuestra culpa, y con su Cruz reconstruyó el puente que nos une con el Padre. Gracias a Jesús, la comunión con Dios fue restaurada, y la adoración verdadera volvió a ser posible.
Eso es exactamente lo que anticipa el libro de Esdras. Después del exilio, Dios trajo a Su pueblo de vuelta a Jerusalén. El templo estaba en ruinas, y la adoración se había apagado. Pero el Señor levantó a Esdras, un sacerdote y maestro de la Ley, para guiar la restauración espiritual del pueblo. En Esdras vemos un reflejo de Cristo: el verdadero Sacerdote y Maestro que no solo enseña la Palabra, sino que la cumple perfectamente.
Cristo es el Esdras perfecto. Él restaura la adoración. Su sacrificio nos reconcilia con Dios y, por medio de su Espíritu, escribe su Palabra en nuestros corazones.
Cristo vino a reconstruir el puente roto entre Dios y nosotros. Él no solo reparó lo dañado; Él se convirtió en el camino mismo que nos lleva al Padre. Y ahora, tú y yo somos llamados a vivir como parte de esa restauración.
Padre nuestro, gracias porque en Cristo reconstruiste el puente que el pecado había destruido. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Qué significa para ti que Cristo haya restaurado tu comunión con Dios?
* ¿De qué manera la Palabra de Dios reconstruye tu fe día a día?
Diaconisa Noemí Guerra
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