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ALIMENTO DIARIO
El niño crecĂa y se fortalecĂa, y se llenaba de sabidurĂa, y la gracia de Dios reposaba en Ă©l (Lucas 2:40)
ÂĄLevĂĄntate, resplandece! ÂĄTu luz ha llegado! ÂĄYa la gloria del Señor brilla sobre ti! La tierra estĂĄ cubierta de tinieblas, y una densa oscuridad envuelve a las naciones; pero sobre ti brilla el Señor, como la aurora; sobre ti se puede contemplar su gloria. Tu luz guiarĂĄ los pasos de las naciones; los reyes se guiarĂĄn por el resplandor de tu aurora (IsaĂas 60:1-3).
En otra ocasiĂłn, JesĂșs dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andarĂĄ en tinieblas, sino que tendrĂĄ la luz de la vida» (Juan 8:12)
El que estaba sentado en el trono dijo: âMira, yo hago nuevas todas las cosasâ Y me dijo: âEscribe, porque estas palabras son fieles y verdaderasâ. TambiĂ©n me dijo: âYa estĂĄ hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, yo le darĂ© a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vidaâ (Apocalipsis 21:5-6).
Yo, el Señor, consolarĂ© a SiĂłn; consolarĂ© todos sus pĂĄramos. HarĂ© de su desierto un paraĂso, de su soledad un huerto mĂo, y en ella habrĂĄ gozo y alegrĂa; alabanzas y voces de canto (IsaĂas 51:3).
El Señor es mi luz y mi salvaciĂłn; Âża quiĂ©n podrĂa yo temer? El Señor es la fortaleza de mi vida; ÂżquiĂ©n podrĂa infundirme miedo? (Salmo 27:1).
Pero cuando se cumpliĂł el tiempo señalado, Dios enviĂł a su Hijo, que naciĂł de una mujer y sujeto a la ley, para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiĂ©ramos la adopciĂłn de hijos. Y por cuanto ustedes son hijos, Dios enviĂł a sus corazones el EspĂritu de su Hijo, el cual clama: ÂĄAbba, Padre! (GĂĄlatas 4:4-6).
Después que partieron ellos, he aquà un ångel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levåntate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allå hasta que yo te diga; porque acontecerå que Herodes buscarå al niño para matarlo (Mateo 2:13 RVR1960).
Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, naciĂłn santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamĂł de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
En ese momento apareciĂł, junto con el ĂĄngel, una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decĂan: «¥Gloria a Dios en las alturas! ÂĄPaz en la tierra a todos los que gozan de su favor!» (Lucas 2:13-14)