PARA EL CAMINO

  • Abraza la vida

  • septiembre 20, 2026
  • Rev. Germán Novelli Oliveros
  • Notas del sermón
  • © 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
  • TEXTO: Juan 10:7-11
    Juan 10, Sermones: 9

  • No siempre la vida, tal y como la conocemos, o esta que nos ha tocado vivir, se convierte en un lugar donde queremos estar. A veces, lidiamos con sufrimientos, enfrentamos tragedias, convivimos con situaciones extremas o inesperadas, y además andamos en este camino de vida con personas que pudieran decepcionarnos. ¿Qué pasaría si hubiera otra vida? . . . una que fuera distinta, una que fuera mejor incluso que la que quieres, y que además fuera eterna. ¿Qué pasaría si esta nueva vida pudiera cambiar por completo tu perspectiva de cómo estás viviendo hoy? ¿Qué pasaría si esta nueva vida de la que te hablo fuera el plan de Dios para ti? De esto y más quiero que hablemos en el mensaje que hemos preparado para ti.

    Hace un tiempo atrás, compartiendo con uno de nuestros colaboradores de Cristo Para Todas Las Naciones en América Latina, conocí la historia de una mujer que en algún momento sintió estar dispuesta a ponerle fin a su vida. Ella padecía una terrible depresión, y pensó erróneamente que acabar con todo era su única alternativa. Un día, envió mensajes de despedida a sus seres queridos, tomó su carro, y manejó hacia un lugar donde pensó que podría hacer esto. Sin embargo, mientras manejaba, en la radio de su auto transmitieron uno de nuestros mensajes, el cual hablaba sobre la importancia de la vida y de poner nuestras ansiedades en manos de Dios. Era una simple oración de unos 20 o 30 segundos, suficientes para cambiar el curso de esta historia. Me cuentan que ella detuvo su auto en medio de la carretera, apagó el motor, y solo pudo ponerse a llorar como nunca lo había hecho. Luego de esto, ella fue capaz de retomar sus terapias con su psicóloga y encontrar ayuda.

    Quizás te estés preguntando, ¿Cómo supimos de esto? Pues resulta que la propia psicóloga llamó a nuestra oficina un día para agradecernos por nuestros mensajes de la radio, y contarnos esta historia. Nos dijo: Quizás no lo saben, pero ustedes salvan vidas.

    ¡Gloria a Dios!  Todo lo que hacemos es para la gloria de Dios y para que más y más personas, gente real como tú, con problemas reales como los tuyos, escuchen sobre Jesús y sepan que solo con Él nuestra vida tiene futuro y opciones mejores. Es Jesús, por medio de Su Palabra, el Único que puede salvar vidas y cambiar nuestra perspectiva de cómo vivimos en el aquí y en el ahora.

    Lamentablemente, no todos tienen la oportunidad de comprender esto a tiempo. Las cifras de suicidio en todo el mundo son alarmantes y van en aumento, especialmente entre la gente joven. Para muchos es la única solución a sus problemas, sus tragedias, sus dolores… pero les prometo que no es así. Hay esperanza. Como también tienen esperanza los que sufren, los que enfrentan depresiones, ansiedad, o adicciones, y también aquellos que sienten sobre sus hombros la pesada carga de saberse pecadores.

    El tema de este año para nuestro Mes de la Herencia Hispana es precisamente ABRAZA LA VIDA, una invitación a reconocer la vida que Dios nos da, la que Él prepara para nosotros, la que solo Él puede ofrecer. No estoy hablando de una vida sin problemas, o sin desafíos ni pesares, pero sí de una vida mejor aquí en la tierra, y una vida eterna que —según la Biblia— es perfecta, abundante, y que Dios nos da solo por gracia.

    En la Escritura, Jesús nos dice que Él es el “camino, la verdad, y la vida(Juan 14:6); y en Juan 10:10 nos dice que Su propósito de venir a este mundo es simple y poderoso: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

    Ahora bien, las cosas en este mundo pudieran no ser tan fáciles como quisiéramos. Hay dolores que no se acaban hablando con alguien, sea un pastor o un terapeuta. Hay desafíos que nos superan, nos hunden, y dejan grandes heridas y profundas tristezas dentro de nosotros. Hay situaciones que parecieran no tener solución, o que a veces no podemos cambiar, aunque quisiéramos.

    Además, nos guste o no, vivimos desde hace mucho en una cultura marcada y formada por la muerte. Si nos vamos al Génesis, al principio de todo, sabemos que el pecado abrió la puerta a la muerte (Génesis 2:17; Romanos 5:12-21). Que hubiera muerte nunca fue el plan ni el propósito de Dios cuando creó al hombre y todas las cosas, fue la consecuencia de la desobediencia.

    Y lo que vino después fue aún mucho peor. Justo después de Adán y Eva, nos encontramos a un hermano atacando al otro solo por celos, envidia, o lo que sea… y de allí en adelante no hemos dejado de hacernos daño unos a otros.

    Por eso es que nos metemos en guerras; nos herimos para robarnos; nos dividimos porque tenemos ideologías, religiones, o incluso razas diferentes; acabamos con vidas vulnerables cuando hay un embarazo no planificado; terminamos con la vida cuando hay una enfermedad sin cura; incluso nos dañamos porque es quizás lo más fácil.

    El otro día escuché en un podcast que esta cultura de muerte en la que vivimos es también el resultado de que nos enseñaron a eliminar problemas, y no a solucionarlos.

    Pero como pastor no encuentro otra explicación a esta cultura que el pecado mismo. Nos matamos porque somos pecadores, y hasta que no reconozcamos esta verdad, y no entendamos que Dios es el autor y dueño de la vida, no vamos a poder abrazar la vida, ni mucho menos comprender la vida en abundancia que solo Él nos promete y nos da.

    Sabemos que la depresión es real, y que a veces se presenta a nosotros como un hoyo oscuro del que no hay escapatoria. Porque vivimos en este mundo, también sabemos que hay dolores muy fuertes, tristezas muy grandes, situaciones muy difíciles. Nosotros también hemos estado allí donde muchos se encuentran hoy día. Quizás tú mismo, o alguien que amas, está allí ahora mismo.

    Por eso Jesús hablaba de tomar nuestras cargas y nuestras cruces, de vivir las aflicciones de este mundo (Mateo 16:24; Juan 16:33).

    Un mundo formado por la muerte, pensamientos intrusos que habitan dentro de nosotros y se adueñan de nuestra mente y nuestro corazón, y por qué no, el diablo que también juega en nuestra contra… todos estos son como ladrones que intentan robarnos la vida.

    Dice Jesús, en el evangelio que estudiamos esta semana, que:

    El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; [sin embargo] Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10).

    Jesús plantea la vida aquí en la tierra como un rebaño. Pero, como todo rebaño, siempre estaremos expuestos a los problemas. Habrá lobos que querrán atacarnos, y ladrones que también buscarán “hurtar, matar y destruir” entre nosotros… pero Jesús añade algo que quiero que te lleves contigo después de este mensaje: No estamos solos, y no tienes que vivir todo en soledad… Él ha venido al mundo a habitar contigo y sufrir contigo. Él se ha acercado a nuestro mundo, y lo ha hecho para que tengamos vida abundante. Vida que no se acaba. Vida que dura para siempre. Vida eterna lejos de un mundo de muerte. Vida que quiero que abraces y hagas tuya.

    Queridos amigos de PARA EL CAMINO:

    En una cultura de muerte, en nuestra naturaleza humana que cree que la muerte es la única alternativa, en un mundo que le da muy poco valor a la vida, Jesús se presenta a nosotros con una propuesta diferente: La vida eterna.

    Cuando decimos que abracemos la vida, en realidad esto es ir más allá de hacer lo bueno o lo que creemos correcto, es dejar nuestras cargas sobre Jesús, porque Él ciertamente es el camino, la verdad y la vida… y en verdad vino a nuestros caminos para darnos vida abundante.

    Tanto amó Dios al mundo que nos envió a Jesús, para que aquellos que le crean no se pierdan, sino que vivan eternamente (Juan 3:16). De hecho, Jesús vino a experimentar la muerte que nosotros merecíamos, para que nosotros vivamos por siempre. Él venció la muerte para que en su resurrección nosotros también resucitemos y vivamos eternamente en Su presencia. ¡Ese es Su plan para ti y para mí!

    Abrazar la vida, y recibir la vida en abundancia que Él nos ofrece, es recibir el perdón que Él nos da a través de Su evangelio y los Sacramentos, es reconciliarnos con Dios por medio de Jesús, confesando nuestras faltas y abrazando también el perdón de la absolución, es celebrar que por medio de Cristo ya no somos enemigos de Dios, sino Sus hijos amados. Esto ciertamente cambia la perspectiva con la que vemos la vida, y entendemos la vida en la tierra como algo temporal, y la que Jesús ganó para nosotros como lo que es, algo eterno, algo abundante.

    Nunca supimos qué pasó con aquella mujer después de aquel día en el que un mensaje de CPTLN tocó su corazón para que no acabara con su vida. Pero lo que sí sabemos es que la sola Palabra de Dios pudo cambiar su vida en ese momento, y ella pudo abrazar la vida. . . abrazar su vida, la vida que recibió de Dios.

    Como ella, hay quizás muchos en el mundo enfrentando los mismos problemas, tal vez con más preguntas que respuestas, o más amargura que esperanza.

    En este mes de la herencia hispana estamos promocionando un programa muy lindo que tenemos disponible en toda América Latina, y ahora en los estados unidos, en español y portugués, en el que ofrecemos acompañamiento y orientación cristiana a personas que viven en la oscuridad de la depresión, los problemas, y donde a veces el dolor y la muerte parecieran ser el único camino. El programa se llama VIVENCIAR.NET y allí tenemos un ejército precioso de voluntarios haciendo esta tarea de hablar con nuestros usuarios y ofrecer vida en Cristo cuando la muerte pareciera ser el único camino.

    A nuestros usuarios, y a usted también, en este día les decimos que Jesús es el camino mejor, que Él ofrece vida abundante y paz, y lo hace gratis, lo hace por amor a nosotros, lo hace sin que no lo merezcamos.

    Si usted alguna vez ha sentido que Dios y todos lo han abandonado, que no hay esperanza, que no hay más caminos posibles… permita que le diga una vez más que Jesús ha hecho algo maravilloso por usted… Él dio Su vida para que usted, y todos los que le creen, tengan el precioso regalo del perdón y la vida eterna. Créeme que no hay amor más grande que el de aquél que da su vida por sus amigos (Juan 15:13), esto es el amor de Dios por ti. En este día, espero y rezo para que usted encuentre en este amor su esperanza, su paz, la vida, y un camino mejor. Amén.