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PARA EL CAMINO

La Divina Comedia es quizás la obra más representativa del poeta Dante Alighieri. Es un poema con más de 700 años, y creo que todavía lo estudian los muchachos en la escuela secundaria. Creo que ahí me tocó estudiarlo a mí.
El relato cuenta el viaje imaginario que hizo Dante desde el infierno, luego pasa por el purgatorio —ese lugar ficticio donde supuestamente las personas se purifican de sus pecados antes de ir al cielo—, hasta llegar al paraíso. Recuerden que todo esto es literatura, y por supuesto que aquí se combinan la ficción y las creencias de las personas con la realidad.
En todo caso, ¡Vaya viaje el que se hace Dante aquí! Una travesía que hace en una parte con Virgilio, un personaje que viene a representar la razón o sabiduría humana, y más adelante con Beatriz, quien llega a representar la fe o la creencia en Dios.
Lo cierto es que Dante quiere reflejar aquí un tema que nos trae el texto del evangelio de esta semana y que quisiera que estudiáramos hoy: la salvación de los creyentes cuando llegue el día final.
Hay mucha curiosidad entre las personas que se preguntan: ¿Qué me va a pasar cuando me vaya de este mundo o se me acabe la vida aquí? ¿Qué pasará cuando Cristo regrese a establecer Su reino eterno? ¿Cómo será esto del fin del mundo?
Existen personas que ni siquiera les gusta hablar de esto, porque creen que es una historia de miedo, de terror, y no lo que realmente es: una historia con final feliz, de salvación, de gozo, y de vida eterna. Hay otros que tienen dudas, o que creen que para llegar al cielo hay que hacer muchas cosas, cuando en realidad ya todo fue hecho por Dios y —si te quedas— te cuento cómo fue.
Dice el evangelio en la parábola de esta semana que: El reino de los cielos es como una red que se lanza al agua y recoge toda clase de peces. Cuando se llena, la sacan a la orilla, y los pescadores se sientan a echar el buen pescado en cestas, y desechan el pescado malo. Entonces Jesús dice que así será al fin del mundo. Los ángeles vendrán y apartarán de los hombres justos a la gente malvada, quienes serán lanzados al infierno (Mateo 13:47-50).
A mucha gente le da miedo cuando las cosas son blanco o negro, y no hay lugar a los matices, especialmente en la Escritura. Porque, ¿cómo saber si estamos en el grupo de los buenos? ¿cómo puedo estar seguro de que mi destino es el paraíso y no ese lugar de fuego y sufrimiento por siempre? Es decir: ¿Dios me está contando entre “los hombres justos” o soy de esos que Jesús llama “gente malvada”?
Hace unos meses atrás tuve la oportunidad de volver a una de mis ciudades favoritas en el mundo: Buenos Aires, Argentina. En este último viaje pude visitar uno de los lugares más icónicos de la ciudad que es el Palacio Barolo, diseñado por el italiano Mario Palanti, e inaugurado en 1923. El edificio es una hermosura y está inspirado precisamente en la obra de la Divina Comedia de Alighieri, de la que les hablaba hace un momento. La parte inferior de la construcción representa al infierno, y tiene elementos en las paredes y en su estructura que usa Dante en su poema; a medida que vas subiendo, hay representaciones del purgatorio; hasta que finalmente llegas a la torre superior, después de subir un montón de escaleras que están allí para simbolizar el sacrificio que se necesita para llegar allí, a ese lugar que significa el paraíso, donde hay una potente luz de un faro capaz de iluminar desde las alturas, y donde por cierto están una vistas increíbles de Buenos Aires.
Al igual que Dante, muchos creen que al final tendremos que pasar por el infierno. San Pablo decía que todos somos pecadores, que no hay hombres justos —¡ni siquiera uno! — y que, por lo tanto, era imposible pensar en la vida eterna, que nos merecíamos la muerte (Romanos 3:10).
Esto quiere decir que, ante esta pesca de la cual habla Jesús en la parábola de la red, lo más probable es que muchos de nosotros seamos desechados, porque aún pecamos, porque seguimos haciendo lo que no debemos, o dejando de hacer lo que deberíamos. Si voy a mi corazón o a mi mente ahora mismo, quizás tengo sentimientos o pensamientos que ni siquiera me atrevería a contar aquí. ¿Será que a ti te pasa lo mismo?
Otros piensan que tenemos que llenar la vida de sufrimientos y sacrificios para llegar al paraíso o para tener la salvación cuando Cristo regrese.
La Divina Comedia de Dante plantea la existencia de un lugar llamado purgatorio. Esto es como un limbo, entre el infierno y el cielo, donde nos purificamos para poder ser dignos del paraíso. Son todas esas escaleras estrechas y empinadas que me tocó subir para poder llegar a la cúspide de la torre del Palacio Barolo. Pero esto no es lo que dice Jesús, y en la Biblia no hay mención alguna de un lugar así. Por eso los cristianos entendemos que esto del purgatorio no es más que una invención humana, un cuento, o una ficción.
Pero esto no es de lo que habla Cristo en la parábola de la red.
Jesús habla de que el reino vendrá a nosotros. Es lo que oramos en el Padre Nuestro cuando repetimos “Venga a nosotros Tu Reino”. Aquí pedimos que el reino de Cristo venga también a nosotros por medio de Él, quien nos da el regalo de la fe, y es en la fe —en creer en Jesús— donde nosotros somos justificados para poder llegar al cielo. Es la fe (y no las acciones humanas) la que nos hace hombres justos y no gente malvada.
No es lo que hagas, sino en quien crees lo que te da la salvación.
Al final de tu vida, o al final del mundo, Jesús ya te ha hecho justo o justa por medio de la fe para poder recibir la salvación. No es obra tuya, no son los sacrificios que hagas en esta vida, no son las escaleras que logres subir para poder ir al cielo, sino lo que Jesús ya ha hecho por ti, es decir Sus sufrimientos y Su sacrificio, lo que a ti y a mí nos dará la salvación.
Mis queridos amigos y amigas de PARA EL CAMINO:
La fe nos lleva a arrepentirnos de nuestros pecados, la fe nos lleva a creerle a Jesús, la fe nos lleva a entender que los sufrimientos de esta vida son necesarios mas no eternos, son consecuencia del pecado pero no la sentencia que nos condena para siempre… la fe es la que te hace saber que cuando el final toque nuestra puerta, los ángeles vendrán para darnos la salvación y no un boleto hacia el infierno donde ciertamente habrá dolor, castigo, y eso tan horrible que Jesús llama “crujir de dientes”.
Cuando llegue el día final, Dios nos echará en la cesta de Su misericordia, de Su amor, de Su redención. . . porque eso es lo que Jesús ha ganado para nosotros.
Le escribe San Pablo a los Efesios —y te ruego que entiendas que aquí el apóstol habla de ti también. Él dice que: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. En él, Dios nos escogió antes de la fundación del mundo, para que en su presencia seamos santos e intachables. Por amor nos predestinó para que por medio de Jesucristo fuéramos adoptados como hijos suyos, según su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. En él tenemos la redención por medio de su sangre y el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia…” (Efesios 1:3-7).
Cuando nos toque partir de este mundo, o cuando Cristo vuelva en gloria a establecer Su reino eterno, no debes temer mal alguno. En el juicio final tu pecado no será el tema de discusión, sino el perdón que Cristo ganó para ti. Él te ha dado el don de la fe, por gracia, y con la fe Él te hace ver tus errores, te lleva a sentir pena por ellos, a arrepentirte y buscar Su ayuda, y te da la seguridad de la vida eterna… una vida para siempre en el paraíso donde no existen el infierno, ni ese lugar de mentiras que algunos llaman purgatorio.
Lamentablemente, hay algunos que no creen o se niegan ante tal gracia, y tal amor. Ellos rechazan lo que Jesús hizo por ellos también, o creen que Dios necesita de ellos para obrar la salvación. Nuestra tarea es seguir hablando de Jesús, con palabras y acciones, para traer la Palabra a más y más personas a nuestro alrededor. No hacemos esto para ganarnos el cielo o ganar puntos con Dios, lo hacemos porque queremos que más y más personas conozcan el evangelio de salvación que hemos recibido nosotros. . . lo hacemos porque Dios quiere despoblar el infierno a través de nosotros: la Iglesia y Su Misión.
El evangelio es esa red que va al mar, que atrapa a buenos y malos, ricos y pobres, de diferentes razas, ideas, estatus sociales. El evangelio nos alcanza a todos, y tal vez está trabajando en tu corazón en este momento a través de este mensaje… nosotros, tú y yo, estamos llamados a compartir esta verdad, y dejamos que Dios se encargue de todo lo demás.
¿Qué va a pasar cuando nos toque partir y cuando llegue el día final?
En la Cruz, Jesús ganó un sitio para ti en el cielo… allí te encontrarás cara a cara con tu Salvador… y allí nos volveremos a juntar un día con todos los redimidos, y te prometo que allí no habrá más llanto, ni muerte, ni dolor. Amén.
Hay un recurso genial que encontrarás en la sección de Folletos Gratis de nuestra página de PARAELCAMINO.COM, y que se titula ¿Qué me pasará al final de esta vida? (https://www.paraelcamino.com/booklets/que-me-pasara-al-final-de-esta-vida-what-happens-when-i-die/). Te invito a descargarlo gratuitamente y saber más sobre Jesús, lo que ha hecho por ti, lo que te promete para esta vida y para la vida eterna, y quien te garantiza la salvación por medio de Él, y solo por Él. Recuerda también ponerte en contacto con nosotros cuando quieras, a continuación, te diremos cómo. Por lo pronto nos encontramos nuevamente en un próximo mensaje de CRISTO PARA TODAS LAS NACIONES. ¡Feliz semana!