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ALIMENTO DIARIO
¿no tengo el derecho de hacer lo que quiera con lo que es mío? ¿O acaso tienes envidia, porque yo soy bueno? (Mateo 20:15).
Te confieso un pecado, porque mi corazón también necesita la misericordia de Jesús. En este momento, mi esposo y yo estamos trabajando muy duro. Entre los dos tenemos cuatro trabajos para ayudar a pagar los estudios universitarios de nuestros hijos. Entonces cuando escucho que Dios ha permitido que otras familias reciban los estudios completamente pagados, de verdad me alegro por ellos. Pero a veces también siento una punzadita en el corazón. Y aparece esa pregunta fea: ¿por qué a ellos sí y a mí no?
Por eso esta parábola me habla tan directo. Jesús cuenta de un dueño que contrata obreros a distintas horas del día y al final les paga lo mismo. Los que trabajaron más no recibieron menos de lo prometido. Lo que les dolió fue la generosidad del dueño con otros. Nos enseña que la gracia de Dios no funciona como una planilla de pago.
Así que, cuando tu corazón pregunte: “¿por qué a ellos sí y a mí no?”, recuerda mi historia y mi pecado. Te lo confesé a ti y a mi Señor y Él me ha perdonado por Jesús. Ahora lo he entendido mejor: la bendición que Dios le da a otra familia no significa que se olvidó de la mía. Sus planes son distintos, y la bendición que le da a una persona no siempre se parece a la que le da a otra. ¿Y tú? ¿Tienes algo que confesar? Llévaselo a Jesús. Confiesa, recibe Su perdón y descansa en Su paz. Él no solo perdona tu pecado; también te capacita para mirar la bendición de otros con gratitud y vivir con un corazón libre.
Padre nuestro, perdónanos cuando nuestro corazón pregunta: “¿por qué a ellos sí y a mí no?”. Enséñanos a descansar en Tu generosidad. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Cuándo has preguntado: “¿por qué a ellos y a mí no?”
* ¿A quién puedes celebrar sin compararte?
Esta devoción va de la mano, como todos los viernes, con las lecturas del año eclesiástico para este domingo.
Diaconisa Noemí Guerra
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