PARA EL CAMINO

  • Pastores buenos y no tan buenos

  • abril 26, 2026
  • Rev. Germán Novelli Oliveros
  • Notas del sermón
  • © 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
  • TEXTO: Juan 10:1—11
    Juan 10, Sermones: 7

  • De niño crecí escuchando la historia del pastorcito mentiroso. ¿Habías escuchado ese cuento? Si no te lo contaron jamás, déjame y te comparto el relato.

    Resulta que en un pueblito muy —pero muy— lejano había un joven pastor de ovejas. Todos los días tenía el tedioso trabajo de llevar a las ovejitas del rebaño a comer pasto en las praderas, quedarse con ellas y cuidarlas durante toda la jornada, y luego regresarlas al redil. Hacía esto todos los días. No podía compartir con otra gente, no podía jugar con sus amigos, y no hacía otra cosa que velar por esas ovejas.

    Un buen día, aburrido de hacer la misma tarea todo el tiempo, tuvo una idea para llamar la atención de las personas. Nuestro pastorcito comenzó a gritar: “¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Hay un lobo aquí! ¡Hay un lobo aquí!” Era mentira. Lo único que quería el pastor era atraer la atención de los demás.

    Sus gritos obviamente hicieron que todo el pueblo se alarmara, y fuera a su rescate. Las personas de por allí se quedaron un buen tiempo con él, le hicieron preguntas, le llevaron de comer, y hasta lo acompañaron por unas horas para que no estuviera solo en caso de que volviera el tal lobo.

    Al día siguiente, el pastorcito mentiroso hizo lo mismo, y la respuesta fue exactamente la misma. Todos fueron a ayudarle, aunque nadie lograba dar con el lobo, ni tampoco había ovejas heridas o desaparecidas, y esto resultaba muy extraño para los habitantes del lugar.

    Nuestro amigo seguía mintiendo una y otra vez, y ya la gente paró de hacerle caso. Ya casi nadie quería ir porque todos sospechaban que todo fuera una mentira.

    Un día, un lobo de verdad se apareció en la pradera. Esta vez los gritos y el peligro eran reales, pero —cansados de las mentiras— nadie quiso ir a auxiliar al pastorcito, quien por querer llamar la atención de los demás había olvidado que su responsabilidad eran las ovejas y no andar diciendo mentiras.

    Hoy Jesús nos trae una ilustración en la que también se habla de rebaños, ovejas, rediles, peligros, y de un pastor, que a diferencia del de nuestra historia, resulta ser muy bueno.

    Sin embargo, quisiera que trasladáramos esta metáfora a la vida de las iglesias, de nuestras comunidades religiosas, y a nuestra relación y experiencia con los líderes de la fe. Cuando Jesús enseña la parábola del Buen Pastor, acababa de tener una confrontación muy seria con los líderes religiosos de Su época, quienes solo buscaban dañarle y manipular las enseñanzas.

    En mi paso por la Iglesia, primero como miembro de congregaciones y luego como pastor, siempre he visto con preocupación la mala reputación de muchos líderes de fe y las muchas faltas que leemos aquí y allá: pastores que manipulan, que roban, que quieren ser mandones o el centro del universo, que abusan, que dañan la vida incluso de niños o los más vulnerables en nuestros entornos, o que causan grandes heridas dentro de nuestras comunidades.

    El pecado está en todas partes, porque en todos los sitios hay pecadores… ¡incluso en las iglesias! Por lo tanto, es útil recordar que los pastores no son la excepción.

    El texto de esta semana inicia de esta manera:

    (Jesús dijo) 1 «De cierto, de cierto les digo: El ladrón y el salteador es el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que trepa por otra parte. 2 Pero el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas. 3 A éste el portero le abre, y las ovejas oyen su voz; y él llama a las ovejas por su nombre, y las saca. 4 Y una vez que ha sacado a todas sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.

    Debes saber que este relato es una ilustración, es decir, una metáfora. Al igual que en otras parábolas, Jesús usa una situación común o conocida por la audiencia, en este caso la relación de las ovejas y los pastores del campo, para advertir de cómo es la relación de Él con nosotros (No olvidemos que Él es el Buen Pastor), y también para que los líderes de nuestras comunidades sepan también modelar el actuar de Cristo a la hora de cuidar el rebaño de Dios. Esto aplica para pastores, sacerdotes o líderes de iglesias, pero también para los cabezas de familias, o todos los que de una u otra manera tienen roles de autoridad.

    ¿Qué características crees que tiene o debería mostrar un buen pastor? Te dejo tres a continuación:

    #1 Un buen pastor cuida a su rebaño: Conoce a sus ovejas, las llama por sus nombres, se preocupa por alimentarlas, por ayudarlas a sanar sus heridas, por construir una relación sana y sólida con ellas, al punto de que cuando éstas le oyen, ya lo conocen y le siguen.

    Me inquietan esos ministerios donde la iglesia, o los pastores, no tienen tiempo para escuchar a las ovejas, o para ayudarlas a sanar. Yo sé que a veces es difícil porque encontramos congregaciones de mucha gente, pero estamos fallando si no tenemos un plan para que la gente pueda ser atendida espiritualmente, y no sea solamente un espectador o una persona más ocupando un asiento, como si la misión fuera llenar sillas de personas, y no corazones con la Palabra de Dios.

    Me inquietan aún más esos hogares donde papá y mamá no tienen tiempo para escuchar a sus hijos, cuidarlos, y también orientarlos.

    Un buen pastor está a la disposición de sus ovejas para cuidarlas.

    #2 En segundo lugar, un buen pastor está allí para defender a sus ovejas. Vivimos en un mundo caído, confundido, y lleno de peligros y mentiras. Es por eso que el trabajo pastoral es fundamental en la vida de las personas. El tema es que algunos erróneamente creen que son los pastores —y no la gente— donde tiene que estar la atención.

    Dios, en Su amor infinito por nosotros y por la Iglesia, forma, llama, y envía pastores para que sean nuestros defensores espirituales y nos acerquen a Cristo y Su evangelio.

    El otro día estaba leyendo el libro de Chuck DeGroat, titulado “Cuando el abuso espiritual entra en la iglesia”, y en este material se habla de pastores que no están modelando a Jesús, y el autor menciona diez características negativas de pastores con personalidad narcisista. ¿Saben cuál es la primera? . . . Que todas las decisiones se centran en ellos.

    Hay pastorcitos mentirosos —como el de mi historia— que quieren la atención total, y no defender a sus ovejas de los peligros que hay allá afuera.

    Un líder no está en una comunidad de fe (o en una familia, o en nuestra sociedad) para dañar a quien se supone debe cuidar, sino para defenderlo, ayudarlo, y atenderlo. No necesitamos jefes que nos impongan cosas, sino líderes que nos motiven y protejan.

    #3 Les comparto una característica más de un buen pastor: ellos guían al rebaño. Dijo Jesús que “…una vez que ha sacado a todas sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz” (v.4).

    ¿Qué voz estás escuchando y siguiendo por estos días?

    ¿La de un pastor que te dice que si das más dinero eso significará que Dios te dará más prosperidad? ¿La de un líder que pone tu mirada en otras cosas o en otras divinidades (cosas, ídolos, ellos mismos) y no en Jesús? ¿La de una congregación que tiene mucha gente, un pastor famoso, mucha música y espectáculo, mucha modernidad, pero poco de la Palabra, de los Sacramentos, o de Jesús?

    Estos malos ejemplos son los que Jesús llamaba “ladrones y salteadores” (Juan 10: 1, 8). Ellos vienen y seguirán viniendo a hurtar o intentar robarte lo que Dios te ha regalado por gracia; a matar o hacerte daño con sus mentiras y sus abusos; y a destruir —que no es otra cosa que deshacer— lo que Dios ha dispuesto hacer en ti a través de la obra del Espíritu Santo en tu vida.

    Un mal pastor, un líder narcisista, una persona en puesto de liderazgo negativo, es aquél que no cuida lo que se le ha encomendado, no defiende a quien debe proteger, y no guía a quien debería enseñar.

    ¿Qué tal si nos examinamos y miramos hacia dentro de nosotros por un momento?

    Alguna vez —inclusive más de lo que me gustaría admitir— yo he fallado en mis distintos roles… y probablemente usted también.

    Quizás no atendí a tiempo a quien me necesitaba, o tal vez dije o hice algo inapropiado que causó una herida. Es probable que como padres, esposos, hermanos, líderes, o ciudadanos hayamos fallado, y en lugar de cuidar, defender, o guiar hayamos metido la pata dañando a alguien, descuidando a alguien, o confundiendo a alguien.

    Por eso el texto de hoy es especialmente una invitación, y un recordatorio, sobre dónde debería estar nuestra mirada, y el centro de todo lo que hacemos en la vida: en Jesús, el Buen Pastor. Él es el que no defrauda, Aquél que no cometió pecado y que, por lo tanto, nos modela a la hora de vivir y servir a los demás.

    Es Jesús el que está allí cuando vienen los peligros y los bajones de la vida, cuidándote para que no te ahogues cuando el agua te llega al cuello; Él está allí para defenderte cuando te ataquen los peligros, las aflicciones, la duda, y las mentiras del mal; y además te guiará con Su Palabra, donde escucharás Su voz y lo seguirás, y te traerá a prados verdes donde seguramente descansarás: El Señor es tu pastor y nada te faltará (Salmo 23:1).

    Es Jesús el único camino al Padre y la salvación, y el único en quien debemos poner nuestra mirada, nuestra fe, nuestra confianza (Juan 14:6; 1 Timoteo 2:5).

    ¿Y sabes cuál es la característica que diferencia a Jesús de cualquier otro pastor en la tierra?

    Él mismo lo dice en el verso 11 de nuestro texto: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas”.

    Él se sacrificó por ti y por mí, y murió en nuestro lugar, para que tengamos perdón por todas nuestras faltas, salvación, vida eterna, y la seguridad de que andamos por este valle de sombra de muerte y peligro cuidados por Él, defendidos por Él, y guiados por Él.

    Mis queridos amigos de PARA EL CAMINO:

    Hoy hemos hablado de pastores no tan buenos, y también de Jesús, nuestro Buen Pastor. Pero quisiera cerrar con algo que me parece prudente decir: allá afuera hay muchos pastores muy buenos, y son buenos no solo por lo que hacen, sino por lo que Cristo hace a través de ellos, y porque lo están predicando solo a Él.

    He tenido la bendición de ser testigo de muchos líderes que trabajan sin descanso para cuidar a los suyos, que van a lugares remotos llevando el evangelio a las naciones y trayendo a las naciones a la Iglesia… conozco muchos que defienden a su gente de las mentiras y los mentirosos, y que predican la verdad, aunque cueste inclusive sus propias vidas. He trabajado con —y me han ayudado— pastores extraordinarios que me han guiado, y traído de vuelta al redil todas las veces que me he extraviado en el camino.

    Por eso te repito una vez más: Son buenos pastores porque modelan a Jesús, porque ponen nuestros ojos —no en ellos, ni lo que ellos hacen— sino en Cristo y lo que el Señor ha hecho, hace, y hará por nosotros.

    Te propongo que, como creyente, como líder (de tu casa, de tu iglesia, de tu trabajo), o como un ciudadano de esta sociedad, comiences a vivir la vida modelando al Buen Pastor, aquél que te ama, te perdona, te salva, y dio Su vida por ti. . . aquél que venció la muerte en la cruz, y hoy vive resucitado, y se hace presente en tu vida, en la vida de la iglesia, y en tu corazón.

    ¿Cómo saber si tu iglesia y tu pastor están haciendo lo correcto? ¿Cómo sabemos si estamos siguiendo a Cristo y no a los hombres?

    Si donde estás se predica a Cristo, y solo Su Palabra, y allí se dan los Sacramentos con las palabras y en la forma que revelan las Escrituras, pues seguramente estás en el lugar correcto, pues allí Jesús es el centro. Un buen pastor es aquél que te cuida, te defiende, te guía, y te dice: Pon tus ojos en Jesús, pues solo Él te dará la salvación. Amén.

    Para conocer más de nuestros materiales y recursos, y de nuestros ministerios en todo el mundo, te invito a ponerte en contacto con nosotros aquí en CRISTO PARA TODAS LAS NACIONES. ¡Feliz Semana!