Call Us : +1 800 972-5442 (en español)
+1 800 876-9880 (en inglés)
ALIMENTO DIARIO
De cierto, de cierto les digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).
Mi sobrino fue diagnosticado con una enfermedad autoinmune que, poco a poco, fue apagando su alegría, sus oportunidades y su esperanza de sanar. Durante ese tiempo difícil, comencé a compartirle los devocionales de Cristo Para Todas Las Naciones. Un día me dijo que encontraba paz en esos mensajes, y que gracias a ellos había conocido más sobre Jesús. Su estado empeoró, y los médicos nos advirtieron que su fallecimiento era inminente. En medio del dolor, le hablé una vez más del amor de Jesús y de Su promesa de vida eterna. Le recordé que, si creía en Él, iría a un lugar mejor, como lo afirma la Palabra de Dios. Él asintió con la cabeza y me dijo que sí creía.
En el texto de hoy, Jesús comienza con una afirmación doble: “De cierto, de cierto”. Otras versiones traducen: “Les aseguro”, “Les advierto”, “En verdad les digo”. Es una forma solemne de indicarnos que lo que está por decirse es de suma importancia.
Y lo que dice es maravilloso: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que ha pasado de muerte a vida”. No es una posibilidad, es una promesa segura.
Desde nuestra fe, afirmamos con claridad que la vida eterna no se gana por obras ni méritos humanos, sino que se recibe por gracia mediante la fe (Efesios 2:8-9). La salvación es un regalo de Dios. Jesús, enviado por el Padre, cumplió su misión: reconciliarnos con Dios por medio de Su muerte en la Cruz y Su gloriosa resurrección.
La fe de mi sobrino, incluso en sus últimos días, fue un testimonio vivo de esta verdad. Oyó la Palabra, creyó en Jesús y, conforme a la promesa, pasó de muerte a vida.
Así también nosotros, aun en medio de la enfermedad, el sufrimiento, o incluso en la hora de la muerte, podemos tener esta certeza: en Cristo tenemos vida eterna. No por lo que sentimos o hacemos, sino por lo que Él ya hizo por nosotros.
Gracias, amado Padre celestial, por enviar a Tu Hijo Jesucristo, quien, por Su muerte y resurrección, nos ha dado la salvación y la vida eterna. Ayúdanos a escuchar tu Palabra con fe y a confiar plenamente en Tu promesa. En el nombre de Jesús, oramos. Amén.
Para Reflexionar:
* ¿Crees con certeza que en Jesús tienes vida eterna, aquí y ahora?
* ¿Conoces a alguien que necesita oír esta promesa? ¿Cómo podrías compartirla con amor?
La devoción de este día fue escrita por Veruzka Farfán, nuestra directora de Cristo Para Todas Las Naciones en Perú.
© Copyright 2026 Cristo Para Todas Las Naciones