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ALIMENTO DIARIO
Entonces yo me alegraré en el Señor; ¡me regocijaré en su salvación! Todos mis huesos exclamarán: «Señor, ¿quién puede compararse a ti? ¡Tú libras de los fuertes a los débiles! ¡Tú libras de sus opresores a los menesterosos!» (Salmo 35:9-10).
¿Te has sentido en algún momento que tus fuerzas se te acaban, que los enemigos son muchos, o que la injusticia parece ganar? El salmista también lo vivió. En este versículo, David clama desde el dolor, pero no se queda ahí: proclama que su alma se alegrará y gozará en la salvación del Señor.
Este salmo nos recuerda dos cosas muy importantes. Primero, que la vida trae luchas, injusticias y momentos donde pareciera que el mal lleva ventaja. Esa es la Ley que nos muestra cuán frágiles y necesitados somos. En segundo lugar, el texto nos invita a ver que en momentos de dificultad, podemos refugiarnos en la promesa de la salvación de Dios y encontrar gozo en Su amor y protección. Dios es quien libra al más débil del más fuerte. Ese es el Evangelio: en Jesús, Dios se levantó como nuestro defensor, cargó con nuestro pecado, y venció al enemigo más fuerte —el pecado y la muerte— en la Cruz.
En esta Cuaresma, volvamos nuestros ojos a quien lucha nuestras batallas. Aunque el enemigo parezca más fuerte, Cristo es más poderoso. Y por eso, podemos aprender a confiar en el poder de Dios en lugar de nuestra propia fuerza limitada. Así, al igual que David, nuestra alma puede alegrarse.
Señor Jesús, gracias porque Tú luchas por los débiles y das alegría a los que esperan en Ti. Amén.
Para Reflexionar
* ¿En qué áreas de tu vida te sientes débil o superado?
* ¿Estás confiando en que Dios puede librarte y darte gozo aún en medio del dolor?
La devoción de hoy fue escrita por Ricardo Argüello, quien es nuestro director de Cristo Para Todas Las Naciones en Nicaragua.
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