ALIMENTO DIARIO

  • "ENEMIGOS"


  • diciembre 3, 2018
  • Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón. Génesis 3:15Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón. Génesis 3:15


  • ¿Puede ser bueno ser enemigos? Normalmente mi respuesta sería «no». Ya lo aprendemos de niños, cuando nuestros padres nos dicen: «Pide perdón, haz las paces y hazte amigo». Pero cuando se trata del diablo, la enemistad no es algo malo sino un regalo.

    Escucha lo que Dios le dice al diablo luego que Adán y Eva le desobedecieron: «Pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre tu descendencia y su descendencia». Hasta este punto, los seres humanos y el diablo no eran enemigos, y eso fue un problema. Cuando el diablo la tentó, Eva lo escuchó como a un amigo. Adán y Eva aceptaron su sugerencia como si él tuviera sus mejores intereses en el corazón, lo que por supuesto no era cierto. ¡Hubiera venido bien un poco de enemistad!

    Y Dios se la da. Pero la enemistad no surgió de la nada. Dios dice: «Pondré enemistad… entre tu descendencia y su descendencia». ¿De quién está hablando? De Jesús, el Salvador prometido que sería descendiente de Eva y vencería a todos los descendientes del diablo, es decir, a todos los poderes malvados que dañan a la humanidad.

    Siendo Dios, Jesús conocía al diablo por lo que era: un rebelde, mentiroso y asesino. Y así es que Jesús tomó carne humana en defensa de la humanidad, las personas que eligió amar como propias. Como verdadero hombre, Jesús venció a nuestro enemigo con su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos. Él rompió el poder del mal sobre todos los que confían en él, y ahora comparte esa misma victoria sobre nuestro enemigo con todos los que lo aman. ¡Gracias, Señor!

    ORACIÓN: Querido Señor, gracias por salvarnos de nuestro enemigo y hacer que seamos tus amigos; mejor aún, tu propia familia. Te amamos, Señor. Amén.


    PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
    ¿Tienes enemigos? Si es así, ¿cómo lidias con ellos?
    ¿Con qué males o tentaciones te gustaría ser «más enemigo»?


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