ALIMENTO DIARIO

Que a través de estos devocionales, la Palabra de Dios te refresque en tu diario caminar.

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"El descenso al infierno"

19 de Abril de 2014

Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida. Por medio del Espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados. 1 Pedro 3:18-19

Jornada 46

El camino del Monte de la Transfiguración a la cruz del Calvario se ha completado. Jesús, el Cordero de Dios, ha sido sacrificado por los pecados del mundo, muriendo en la cruz. Su cuerpo humano está sellado y seguro en la tumba de José de Arimatea. Sus discípulos y sus amigos están descansando, así como corresponde en el día de reposo. Las mujeres están listas para terminar de preparar el cuerpo en la tumba.

Ninguno de los Evangelios registra lo que Pedro escribe en su primera carta. Cuando Jesús se levantó victorioso de la muerte, salió de la tumba sellada y descendió al infierno a proclamar su victoria sobre Satanás, el pecado, la muerte, y el infierno.

Durante siglos la Iglesia ha confesado el descenso de Jesús al infierno en el Credo Apostólico. Es la garantía que tenemos todos los cristianos de que la victoria sobre el pecado, la muerte, y el infierno ha sido obtenida. Más tarde, en el día de la Pascua, Jesús se va a aparecer a los vivos, para que ellos también sepan que, quienes están en Cristo, no tienen nada que temerle al infierno.

Es probable que en su conversación en el Monte de la Transfiguración, Jesús, Moisés, y Elías hayan hablado de las muchas veces en que Dios liberó a su pueblo en el pasado: Moisés y los Hijos de Israel fueron liberados de los egipcios. Elías y los Hijos de Israel fueron liberados de los profetas de Baal.

Pero ninguno de esos actos de liberación puede compararse con la liberación que Jesús logró en la cruz del Calvario. Gracias a Jesús, ¡nuestro camino termina en el cielo!

ORACIÓN: Te damos gracias, Padre celestial, por habernos liberado del infierno, y por la promesa segura del cielo. Amén.

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