ALIMENTO DIARIO

Que a través de estos devocionales, la Palabra de Dios te refresque en tu diario caminar.

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"Cuarema 2018 - UNA ESPONJA Y UN HISOPO"

23 de Marzo de 2018



Leer Juan 19:28-30

UNA ESPONJA Y UN HISOPO

Había allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en un hisopo, y se la acercaron a la boca. (Juan 19:29)

En los momentos finales de su vida, Jesús dijo: "Tengo sed". Entonces alguien tomó una esponja y la empapó en el vinagre que había en una vasija. Luego hicieron con ella un hisopo y se lo acercaron a la boca de Jesús... un pequeño acto de misericordia en medio de un día oscuro y amargo.

Lo que más sobresale en esta narrativa, es la impotencia absoluta de Jesús: no podía beber por sí mismo, ni siquiera sostener un jarro; lo único que podía hacer era abrir la boca. Sus cuatro extremidades estaban clavadas a la cruz. Todo lo que podía hacer era pedir.

Quizás esto no debería sorprendernos. Nosotros también pasamos por momentos de impotencia, aunque por lo general se deben a una enfermedad o incapacidad: un derrame cerebral, una cirugía mayor. A veces hasta las cosas menos graves, como perder la voz o tener los ojos inflamados por una alergia, de pronto nos vuelven impotentes y necesitamos que otros hagan por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos.

No es de sorprenderse, entonces, que el Dios encarnado experimentara lo mismo que nosotros.

Jesús sufrió discapacidad, impotencia y humillación. Quien había ayudado a tantos, ahora no se podía ayudar a sí mismo... Debe haber sido una píldora difícil de tragar. No pudo haber sido fácil. Después de todo, él era verdadero hombre y verdadero Dios. Jesús nunca hizo "trampa". Él conoce y comparte nuestras aflicciones, porque también las sufrió en su pasión y muerte.

Y ahora que ha resucitado de la muerte, comparte algo más con nosotros: su vida eterna llena de gozo y poder. Jesús ha tenido misericordia de nosotros, así como alguien tuvo misericordia de él en la cruz y le ofreció algo para calmar su sed. Jesús nos ofrece su cuerpo y su sangre para que seamos parte de su vida eterna.

Es por ello que ahora, si bien todavía somos impotentes en muchos sentidos, nos regocijamos, pues el Espíritu Santo nos ha dado fe en Jesús y somos hijos de Dios para siempre.

ORACIÓN: Señor, tú conoces mis discapacidades, impotencia y debilidades. Ayúdame a apoyarme en ti para todo lo que necesito. Amén.




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