ALIMENTO DIARIO

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"Un beso famoso"

20 de Junio de 2017

Mientras Jesús estaba hablando, se hizo presente una turba, al frente de la cual iba Judas, que era uno de los doce y que se acercó a Jesús para besarlo. Lucas 22:47

Al fallecer, la nurse Edith Shain tenía 91 años.

Es posible que el nombre no suene conocido, pero aun así, quizás reconozca su fotografía. Ella es la persona que apareció en la fotografía tomada por Alfred Eisenstaedt besando a un marinero en la plaza Times Square en New York.

Dicha fotografía circuló por todo el mundo, e incluso apareció en la revista LIFE. Fue tomada el 14 de agosto de 1945, y se convirtió en el símbolo de la alegría que todo el mundo experimentó cuando terminó la Segunda Guerra Mundial.

Sin lugar a dudas, el beso de Edith es uno de los más famosos en la historia del mundo.

Es uno de los más famosos, pero no el MÁS famoso. Hay otro beso que es mucho más famoso aún... o quizás sería más justo decir, más "infame".

El beso más infame pertenece a uno de los discípulos en quien Jesús confió: Judas Iscariote. Sin lugar a dudas, su beso es el más notorio en la historia del mundo; el suyo fue el beso que traicionó a Jesús, entregándolo en manos de quienes lo odiaban.

El beso de Judas fue una acción que marcó el comienzo del sufrimiento y sacrificio final del Salvador... el sufrimiento y sacrificio que terminaría con el Señor de la vida colgando de una cruz romana en las afueras de las murallas de Jerusalén.

A través de los años a menudo he pensado que, a su manera, el beso de Judas tuvo que haber sido tan doloroso para Jesús como lo fue la cruz. Algunos de nosotros sabemos cómo se siente ser traicionado por un amigo, un familiar, un compañero de trabajo o estudio, un estudiante, alguien que suponíamos nos iba a ser siempre fiel. Así debía haber sido entre Judas y Jesús. Así debía haber sido entre nosotros y el Redentor. Debía ser... pero a veces no lo es.

Debemos admitir que hay veces en que dejamos de lado lo que Jesús ha hecho por nosotros, y elegimos vivir como queremos, en vez de como él quiere. Todos hacemos cosas que traicionan la relación que él estableció en el Calvario y en la tumba vacía.

Al igual que Judas, todos traicionamos a Jesús. A diferencia de Judas, debemos reconocer que Jesús ha cargado con nuestros pecados, todos nuestros pecados, a la cruz. A diferencia de Judas, necesitamos recordar que no podemos expiar nuestros pecados... no podemos y no necesitamos, porque Jesús ya lo ha hecho.

Es necesario que recordemos que nuestros pecados han sido perdonados y olvidados. Gracias a Jesús ya no existen. Y por esto damos gracias.

ORACIÓN: Señor Jesús, te ofrezco mi corazón arrepentido y te pido que crees en mí un corazón limpio. Enséñame a vivir en alabanza y ayúdame para que nunca te traicione. En tu nombre. Amén.


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